2 agosto, 2021

BELLO TRASTEO DE MARIO AGUILAR CATALOGADO CON DOS OREJAS. BARBA Y MACÍAS TAMBIÉN TOCAN PELO.

La “Gigante de Expo-Plaza” cerró ayer tarde su escenario redondo, amplio e importante. El hecho de clausura taurina fue una corrida extraordinaria con tres coletas locales interesantes, contratándose el ganado de El Junco, un encierro sin trapío, insulso, de nula belleza zootécnica, según los perfiles estéticos que debería perseguirse en el toro de lidia, y que en juego se evaluó más bien de descastado.

La “Gigante de Expo-Plaza” cerró ayer tarde su escenario redondo, amplio e importante. El hecho de clausura taurina fue una corrida extraordinaria con tres coletas locales interesantes, contratándose el ganado de El Junco, un encierro sin trapío, insulso, de nula belleza zootécnica, según los perfiles estéticos que debería perseguirse en el toro de lidia, y que en juego se evaluó más bien de descastado.
Con buenos resultados capoteros recibió Fabián Barba al abre plaza; armó luego decididamente la muleta entregándose y entregando un trasteo bien sintonizado, primero, en la inicial tanda, modelando el comportamiento del bovino, luego haciendo ver suaves muletazos por ambos flancos aprovechando la clase del animal, que flaca duración tuvo y al que despachó de estocada un punto desprendida, levantando orgulloso y satisfecho el apéndice mencionado.
El cuarto era franco y con buen estilo embistió a partir del quite al modo de “Gaona”; Barba, con el proyecto de sostener el triunfo de su primero, en todo momento actuó entregadamente y de tanto porfiar logró el agradecimiento del público. Bellos aunque intermitentes pases interpretó, acaso un tono fuera del son del toreo. Se le reconoció reclamándolo en el tercio posteriormente a que dejara en su antagonista media espada caída antecedida de un par de pinchazos.
A raja tabla, “El Cejas” saludó al segundo, atragantándose, congestionándose de toro y terreno, sin embargo en ello manifestando su mira de triunfar; idéntica diligencia se le observó en el tercio muletero, aprovechando la clase y bonachonería del torillo aquel al que muchos pases le pegó esclareciendo un esfuerzo que le fue tasado con una oreja después que estoqueó delantera y atravesadamente.
La escasa casta y debilidad de su segundo casi opacan del todo una buena intervención, sin embargo la obstinación de Arturo se vació en buena pasta y quedó manifiesta, haciendo incluso de catalizador para los discretos aplausos que se escucharon intercalados entre cada corta serie de pases. Sí que extendió de más el quehacer y entonces el cotarro se lo hizo saber dividiéndose en las apreciaciones una vez que mató de estocada pasada prologada de un pinchazo y seguida de un descabello.
Aunque no del todo aseado, y con la intención de no pasar desapercibido, en los medios hizo una corta serie de gaoneras Mario Aguilar, selladas mejor sobre ceñida revolera. Vendría lo álgido con la pañosa… y llegó sobre adormecido son. El joven aplicó su torera sapiencia y comprendió espléndidamente a un astado dúctil y sin raza que, por ello, demandaba delicadezas en espacio, toques y tiempo. Y… Mario, así, en este basamento, cuajó muletazos deletreados, dejándose ver por los dos cuernos, y en los que su cintura y el giro de ésta se amalgamaron en un entero. Estaba hecha la obra casi de arte y solo faltaba estar decoroso con el falange, También consciente de ello se fue a buscar, en el momento y terreno justos, la muerte del cuadrúpedo al que la encontró según pinchazo hondo efectivo por lo bien colocado… arriba, en la yema y las dos orejas las izó eterno en tanto que el público, confundido entre lo que hace el diestro –el que sea- de artístico con el comportamiento del toro al que se lo haya forjado, aplaudía los restos de tan descastada res.
El que despidió la feria resultó un mal ejemplar que en todo tiempo de su estancia en el nimbo soseó y llevó la testa arriba; a despecho de esto Mario se colocó por encima de sus malas condiciones. Ya lo bueno y rescatable estaba hecho…

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