29 julio, 2021

CARLOS ARANDA ASOMBRA Y TRIUNFA EN SU PRESENTACION, JUNTO A PADILLA, FERRERA Y VÁZQUEZ.

DAIMIEL, CIUDAD REAL. Tres cuartos de plaza, toros de Guadalmena de excelente presentación y juego, nobles en conjunto y con picante en la lidia a pesar de irse a chiqueros por aquello del desencajonamiento. Juan José Padilla, oreja y dos orejas. Antonio Ferrera, oreja y dos orejas. Luis Miguel Vázquez, dos orejas y ovación. El becerrista Carlos Aranda dos orejas y palmas, salida en hombros junto al mayoral.

DAIMIEL, CIUDAD REAL. Tres cuartos de plaza, toros de Guadalmena de excelente presentación y juego, nobles en conjunto y con picante en la lidia a pesar de irse a chiqueros por aquello del desencajonamiento. Juan José Padilla, oreja y dos orejas. Antonio Ferrera, oreja y dos orejas. Luis Miguel Vázquez, dos orejas y ovación. El becerrista Carlos Aranda dos orejas y palmas, salida en hombros junto al mayoral.
Relatar el triunfo de dos jornaleros del toreo, llenos de vergüenza, como son Juan José Padilla y Antonio Ferrera, seria descubrir bastante poco en el mundo del toro y la fiesta en los pueblos, donde su entrega esta mas que consagrada, hoy volvieron por sus fueros en cuatro faenas de parecido corte, alternando en banderillas con bastante lucimiento y honradez, incluso Ferrera sufrió una aparatosa cogida al salir del tercer par al quinto, por suerte sin consecuencias para continuar la lidia después del tremendo susto, bravo por el extremeño, igualaron a trofeos y lo dicho en cumplir en regla.
Despachó a los cumplidores y me detengo en la terna local y no precisamente por el triunfalismo, si no por la calidad de lo expuesto en el ruedo. Luis Miguel Vázquez en su primer festejo de este año dio toda una lección de torería, con el capote en cuatro verónicas de muñecas mecidas y templanza inusual en un torero con tan poco rodaje y, señores que media para rematar interminable de cartel autentico para después un quite por chicuelinas del mismo calibre y temple, su faena de comienzo por alto le ayudó mucho el toro noble y bravo que embestía con calidad y el torero le dio de comer su medicina, toreó de mano baja, muletazos de gran calado quizá un pelín cortos pero lleno de sabor en la salida del de pecho, cogida agónica sin consecuencias para volver a la cara y sacar dos tandas de naturales profundas desprecios y gran estocada para dos orejas sin paisanaje por medio, su segundo al que se le pegó duro en el caballo, acuso el castigo y su defensa deslució el entusiasmo de Luismi que incluso falló a espadas.
Dejo para el final a CARLOS ARANDA, becerrista que se vestía de luces por primera vez, inmaculado de verde cielo por definirlo, tranquilo, auxiliado por Antonio Alegre, nervio por dentro y firmeza en el rostro y el chaval a lo suyo en torero, en el andar en complacer y en saber estar y hasta en brindar a la terna y a la familia, su actuación dejó perplejos a los que no lo habían visto y llenos de gozo a sus seguidores ¡que joya de presentación! su quietud, elegancia, su plasticidad, su saber estar en la cara del becerro y sobre todo la forma de ejecutar las suertes, meciendo los engaños templando y derrochando imaginación en cada pasaje por ambas manos, marcando los tiempos y un uso de los aceros impropios de la edad, pero a vez signo inequívoco de que emerge una estrella en la fiesta, la espera a la puerta del hotel en multitud, es de Daimiel y se llama Carlos Aranda.

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