31 julio, 2021

CASTELLA Y MANZANARES, UNA OREJA POR COLETA.

Queridos amigos, ayer se celebró, la 11ª corrida del abono, una corrida que se había rechazado en el reconocimiento de sus toros, después de que los veterinarios vieran hasta 14 reses de la ganadería titular, aprobando solo uno, por lo que el ganadero decidió retirarlo y no traer más toros para el reconocimiento.

Queridos amigos, ayer se celebró, la 11ª corrida del abono, una corrida que se había rechazado en el reconocimiento de sus toros, después de que los veterinarios vieran hasta 14 reses de la ganadería titular, aprobando solo uno, por lo que el ganadero decidió retirarlo y no traer más toros para el reconocimiento. En su lugar se enchiqueraron cuatro toros de Parladé (1ª, 2ª, 3ª y 6ª) justitos de todo en general, y dos de Juan Pedro Domecq (4ª y 5ª) nobles y justos de fuerza. Un festejo en el que, a todos nos parecía que dos corridas de Juan Pedro, eran muchos toros de esta ganadería en los tiempos que corren. A los del sector duro de la plaza también, y bien que lo demostraron en la primera mitad del festejo. Los abonados, con el cambio de ganadería, podían devolver sus localidades, pero era tal la expectación por esta corrida, que se colgó el cartel de “No hay billetes”.
El primero, de Parladé, es protestado por la falta de trapìo, Castella lo lancea sin lucimiento y arrecian las protestas al doblar las manos en varas. El toro llega a la muleta con movilidad en las primeras arrancadas y el francés lo muletea por el pitón derecho con firmeza, aunque diciendo muy poco. Se pasa la franela a la zurda y parece que por este pitón el toro va mejor, pero es un espejismo. Entre la deslucida embestida del Parladé y la frialdad del público, la faena ni tiene calado en los tendidos, ni estos están dispuestos a prestarle atención. Una media en su sitio acaba espectacularmente con el primero de la tarde.
El cuarto, con el hierro de Juan Pedro, no se protesta de salida (ya es algo) y lo recibe Castella con cinco templados delantales que se jalean en los tendidos. La quietud y disposición de Sebastián se ponen de manifiesto en los impávidos estatuarios con que da comienzo a su faena de muleta. La cosa promete, y el francés le enjareta unas series con la derecha muy baja, llevando prendido al toro muy cerca su templada franela. Los pases de pecho son interminables y finiquitados en la hombrera contraria, dando continuidad a una perfecta ligazón de la serie. Prueba con la zurda y el toro protesta algo. No es fácil y se le vence un par de veces por el derecho, pero la firmeza del gabacho le puede. Acorta distancias y mas quieto que un palo, se enrosca al burel alrededor de su frágil figura, sin importarle las dos velas que luce el de Juan Pedro. Una estocada arriba, llevan a sus manos la primera oreja, mayoritariamente pedida, e injustamente protestada por el sector intolerante de la plaza.
El segundo, también de Parladé, de nuevo es protestado, en mi opinión sin fundamento. Creo que se pita al hierro más que al toro, que tiene un trapío correcto para Las Ventas. Hay que esperar para ver el comportamiento. Manzanares, no puede lucirse con el capote, pero Curro Javier si lo consigue con un magnifico tercio de banderillas. José María le planta cara en los medios, con unos muletazos suaves con la diestra, y trata de confiarlo, logrando algunos de bella factura. Con la zurda el toro, que va a menos, protesta y hace imposible el lucimiento. La espada es un cañón en las manos del alicantino, y deja un espadazo algo caído, del que el morlaco dobla.
El torero de Alicante recibe al 5º, un burraquito de Juan Pedro, con excelentes delantales, que el público agradece. El toro llega al último tercio con nobleza y suavidad en la embestida, aunque con las fuerzas justas. El alicantino, en estado de gracia, lo acaricia con derechazos largos y templados. El cambio de manos con que abrocha una serie es extraordinario, un monumento a la torería. Con la zurda, surgen los dibujos barrocos en que se convierten los naturales en la muñeca de José María. Al toro le cuesta un mundo embestir. El torero le ha sacado todo lo que tenia y cuando acaba con su oponente de un espadazo algo desprendido. La plaza se vuelve blanca de pañuelos que piden y consiguen la merecida oreja.
Talavante intenta, sin conseguirlo, el toreo de capa en el tercero. El toro llega a la muleta con una embestida franca, que da pie a la esperanza, y toma la franela de Alejandro con cierta nobleza, pero con poco ritmo. Con la zurda, el toro se para, y aquí se acabaron las esperanzas de comienzo.
Con el que cierra plaza, burraco de Parladé, y más pesado de la corrida, Talavante, se muestra dispuesto, pero el toro llega al último tercio con una embestida rebrincada y la cara demasiado suelta. El pacense le pone la muleta, pero el morlaco se raja y huye a terrenos de las tablas, donde el extremeño le enjareta, antes de que se dé cuenta, algunas tandas muy serias por los dos pitones. Los arreones del manso, los aprovecha el torero con disposición y valor. La faena es importante, pues se la ha sacado de la nada, y de la mansedumbre y el genio, ha logrado la intensidad de muletazos preñados de emoción, que llegan a su cenit en unas manoletinas, en las que el encastado toro de Domecq, lo engancha por la chaquetilla, propinándole una voltereta espeluznante, que gracias a Dios, no tiene consecuencias. El mal manejo de los aceros, hace que una faena, en la que se hubiesen pedido las orejas para el matador, quede en una triunfal vuelta al ruedo.
En fin, amigos una corrida de toros muy justa de presentación y raza, en la que los toreros han estado muy por encima de ella.
Hoy los toros de San Pelayo, serán los árbitros para dilucidar uno de los encuentros más esperados en una corrida de rejones; Pablo Hermoso de Mendoza y Diego Ventura, con Fermín Bohórquez por delante, se las verán esta tarde en el coso venteño.

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