31 julio, 2021

CIERREN LAS PUERTAS! LAS PELEAS DE GALLOS Y LAS CORRIDAS DE TOROS, GALAS DEL 25 DE ABRIL.

ARRASTRE LENTO… A principio de la década de los años sesenta -1960-, lo recuerdo bien, el 25 de abril, antes de que la sociedad “pudiente”, que lo hacía junto al grueso sector del pueblo feriante, se congregara en la plaza San Marcos, cumplía rigurosamente con la tradición de ir a comer con los llamados jotos a un costado del jardín de San Marcos. Aún era el añoso sembradío el frondoso lugar donde las familias departían sin represalias ni temores.

ARRASTRE LENTO… A principio de la década de los años sesenta -1960-, lo recuerdo bien, el 25 de abril, antes de que la sociedad “pudiente”, que lo hacía junto al grueso sector del pueblo feriante, se congregara en la plaza San Marcos, cumplía rigurosamente con la tradición de ir a comer con los llamados jotos a un costado del jardín de San Marcos. Aún era el añoso sembradío el frondoso lugar donde las familias departían sin represalias ni temores.
De ahí se desprendía el tumulto que, engalanado con sus mejores prendas, por nada dejaría de asistir a la corrida del 25 de abril al coso que completó el triángulo homónimo que da carácter único a la ciudad: templo, jardín y plaza de toros. En ellos se idealizó la época más romántica de la Feria.
Y era natural que en “el mero día” se desbordaran los sentimientos de alegría colectiva de la ciudad que se agitaba al compás de la tambora, que cantaba al timbre del mariachi, y que toreaba al aire de “El Calesero”. Claro, los hombres y mujeres piadosos, en la noche anterior, que parecía todo menos noche, ya habían hecho acto de presencia a la Misa de Gallo, depositada su limosna, y guardado parte de las monedas del cochinito para llevar por la tarde a los chiquillos a los volantines, y si sobraban, pues a jugarlas en la ruleta.
Quién que los conoció podrá olvidar los originales tapancos, luego terrazas, sitios de convivencia –luminosos escaparates de la aristocracia que se ufanaba, hasta la presunción de su condición de privilegio- que si bien no cambió el modo de divertirse en la feria, si incorporó una novedad hasta entonces no usual: bailar al aire libre. Tal fue el éxito del concepto que, al borde del clímax, llegaron a constituir una de las formas más típicas y pintorescas de la feria.
Orquestas, intérpretes de renombrada fama, y personajes de todo tipo, muy en especial las figuras de la cultura, el cine, la radio, la televisión ¡y la política! acudían a ellos sin que su imagen sufriera deterioro alguno. Al contrario, al verlos de carne y hueso se acervan a la gente que, admirándolos, sufría una especie de embeleso emocional que nunca olvidaría el llamado pueblo.
¡Ah!, quede claro que en la plaza de toros era imposible que se mantuvieran en el anonimato. Vaya jaleo cuando el pueblo los identificaba.
Lo cierto es que son pocos los acontecimientos de carácter social que, junto al espectáculo del toreo, tienen sus raíces tan arraigas en la región. ¡El lector tendrá memoria de algún 25 de abril en el que, sin mediar una circunstancia aleatoria se haya suprimido la realización de la tradicional corrida de toros? De ese tamaño es el historial del cual hoy los que suelen referirse a las tradiciones tienen en el tintero.
Y aunque las cosas y los tiempos cambian, no deja de ser significativo que, a la par al peso simbólico de la cultura popular de Aguascalientes, se sigan dando los carteles de toros más importantes en el día de Marcos Evangelista. Y hoy no será la excepción: Castella y Juan Pablo Sánchez, con Begoña, es un cartel que puede ser tan atractivo para cualquier plaza de México. Y verá usted el entradón que, de acuerdo a la tradición, habrá de verse en la Monumental.
arrastrelento@gmail.com

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