¡COMO TÚ GUADALAJARA! PIEDRA DE UN PALACIO ¡COMO TÚ GUADALAJARA! PIEDRA DE UN MISTERIO.

ARRASTRE LENTO… Luego de haberse enterado del resultado de la novillada del domingo pasado realizada en la Monumental tapatía -el Nuevo Progreso-, un aficionado -¡en verdad aficionado!- de mi tierra Aguascalientes, no pudo más que reconocer lo que otros aficionados -¡en verdad aficionados! tiene por convicción.
“No cabe duda, así lo dijo mi amigo el aficionado de Aguascalientes que vio lo ocurrido el domingo pasado en la Monumental tapatía, Guadalajara y mi tierra, cual islas del toreo mexicano, fueron colocadas por el destino en compartimientos separados. Y en el mapa que cuelga en la pared donde se exhiben lucientes las tierras más toreras del país, hasta un niño coloca el dedo sobre ellas para decirle al mundo que, solo ellas, son capaces de producir la vibración que estremece las entrañas de los aficionados”, -¡en verdad aficionados!-.
No es fácil negarlo, ni tampoco contradecirlo: Aguascalientes y Guadalajara, donde se realizan las temporadas de novilladas de mayor prestigio en México –apartando desde luego la de la plaza de la capital del país-, fueron destinadas para resistir el viento helado que en mortecinas ráfagas y rachas llegan a ellas desde los océanos polares de la indiferencia. A ellas con calor humano, derritiendo los tímpanos glaciales, aún ocurren los aficionados en verdad aficionados.
Quiera el cielo que no exista motivo alguno para que el aficionado -¡en verdad aficionado!- jamás disminuya ni rebaje el alto concepto que de dichas entidades toreras tiene. Ambas plazas, a diferencia de las del resto del país, son diferentes puesto que ni costumbres, ni en criterios, ni en conductas, ni en apreciaciones místicas y normativas, la igualdad las equipara a sus hermanas. Son definitivamente entidades diferentes.
Si, la igualdad es nefasta para el toreo: la igualdad es el fastidio, y el fastidio es la alfombra del luto y el llanto torero. Y es en el fastidio donde la desesperación y el aburrimiento bostezan. Es el fastidio el que ahuyenta a los espectadores de las plazas. Y así lo dijo mi amigo el aficionado -¡en verdad aficionado!- “las plazas en las que reina el fastidio se convierten en un infierno, un infierno en el que se fastidian los condenados de aburrimiento”.
Empero, lo confieso, me dejan pasmado las declaraciones que escucho y oigo de ciertos aficionados tapatíos y aguascalentenses. Si bien la vista del aficionado -¡en verdad aficionado!- distingue a las dos ciudades como las más toreras del país, no deja de inquietar que el espectáculo, fuera de esas dos plazas, merezca un calificativo peyorativo, y acaso hasta dudoso, cuando no deforme.
Lo cierto es que me llevará tiempo filosofar al respecto y dar con la verdad, y aunque en tan aventuradas opiniones reina mucha verdad, no puedo sino sentir tristeza que en México el concepto taurino de honor, orgullo, romanticismo, sentimiento y trascendencia se limite a dos plazas. Y aunque mucho me llena de orgullo cantarlo –¡como tú Aguascalientes! ¡Como tú Guadalajara! al limitar y empobrecer al resto de las plaza de mi folclórico país, siento como si le amputaran las piernas al gigante.

Deja un comentario