24 julio, 2021

CON ESA DETERMINACIÓN ADAME PUDO HABER DEJADO SIN PELO AL LEÓN MAS VALIENTE QUE ENFRENTE TUVIERA.

ARRASTRE LENTO… Evaluando lo que ayer hizo Adame –el “Joselito de Aguascalientes”- en Madrid resulta imposible no tomar en cuenta el singular historial de este profesional del toreo que con la frente en alto sigue porfiándole al destino que, caprichoso, le sigue regateando sus bondades.

ARRASTRE LENTO… Evaluando lo que ayer hizo Adame –el “Joselito de Aguascalientes”- en Madrid resulta imposible no tomar en cuenta el singular historial de este profesional del toreo que con la frente en alto sigue porfiándole al destino que, caprichoso, le sigue regateando sus bondades.
Nadie que lo haya visto podrá olvidar el simpático derroche –bien gastado- de torería, en su infancia, del chiquillo aquel que, luego del natural proceso de maduración, y ahora convertido en adulto, en legítimo derecho le es propio el orgullo de significar la semejanza de una estrella brillante en el firmamento de la tauromaquia mexicana.
Cuánta admiración causó el niño que, bautizado con el nombre de José Guadalupe, e identificado como “Joselito Adame”, deslumbrando con una precocidad sobresaliente, iluminó su vuelo cual flecha presurosa lanzada del arco vibrante del corazón de los aficionados. Y cuánto gozó el chiquillo consumiendo el angélico alimento elaborado con el cariño de los taurinos: pan que mientras más se come, más se anhela.
Las cosas han cambiado. Aún así, el torero, tal cual y como lo hizo ayer en Madrid, sigue dando señales de asombro toda vez que su ascenso no tropieza a pesar de que muchos le quisieran cortar las alas. Allí se ve lo que por la fe se aprende. Retornarlo a aquella época dorada es imposible pues la flecha sigue su rumbo: José Guadalupe sigue en vuelo. Y sigue brillando entre nubes claras, sólidas, infinitas, como diamante herido por el rayo del sol.
Y según las crónicas, fue la actitud asumida por el paisano lo que le hizo conservar –ayer- en sus manos la llave que abre y cierra el destino de los hombres. Hasta su tierra llegaron el eco del coro y el brillo de las chispas que vieron pasar los madrileños sin perderse a la distancia. En ella -en la crónica- se transcribe que fue la determinación del torero que, por su garra, bien podría haber dejado sin pelo al león más valiente que enfrente tuviera. Se hace referencia a un puntazo que según parece le causó destrozos en los ligamentos y ni un lamento externó: su rabia le fue suficiente como para merecer los elogios de la crítica más ácida y exigente.
En concreto se afirma que José Guadalupe sigue brillando como la luz que reviste los tesoros que se espejan en oro. ¡Fenomenal! Qué bueno que así sucede. Otra cuenta al rosario de tardes de apreciable estima para el paisano. Y como fue en la meca del toreo, buenos saldos habrán de apreciarse en su cuenta bancaria ya muy abultada en prestigio.
Y aunque no logró un resultado espectacular, el balance es favorable, máxime si se toma en cuanta la dificultad que entraña actuar en la plaza tenida como la más seria, dura y exigente del universo del toreo. Así las cosas, la figura de Adame se alza más firme y sólida que el mudo mármol con el que los toreros quieren perpetuar su estancia en este mundo.
Y es ahora cuando hay que reconocerle admirativamente al torero su espíritu de sacrificio, su perseverancia, su fe en sí mismo, sus renuncias a las comodidades, en suma, es hora de reconocerle que ha vivido íntegramente por un ideal, por un sueño: convertirse en figura del toreo. Y la flecha sigue su vuelo. Y sigue brillando: y quienes la ven la siguen admirando.
arrastrelento@gmail.com.

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