1 agosto, 2021

CON LA NOVILLADA DE MEDINA IBARRA ¿CÓMO IMPEDIR VITOREAR A MI ENTRAÑABLE AGUASCALIENTES?.

ARRASTRE LENTO… Guadalajara 30 de agosto 2011… El canto se ha repetido una y otra vez, lo cual mortifica la sensibilidad de los aficionados tapatíos que, en fraternal competencia, siguen apostando a la supremacía torera de su tierra, rango que le disputa la mía. Y con ufana insistencia escucho ¡Viva Aguascalientes!

ARRASTRE LENTO… Guadalajara 30 de agosto 2011… El canto se ha repetido una y otra vez, lo cual mortifica la sensibilidad de los aficionados tapatíos que, en fraternal competencia, siguen apostando a la supremacía torera de su tierra, rango que le disputa la mía. Y con ufana insistencia escucho ¡Viva Aguascalientes!
Si tomo en cuenta el entorno que rodea ahora a la prestigiada plaza Monumental, La Nuevo Progreso, bastante complicado habrá de resultarme no tomar en cuenta la seriedad que la recubre. Los toreros y ganaderos coinciden afirmando que es una plaza “difícil”, la más exigente de todo México.
Conocí el antiguo coso aledaño al Hospicio. La relación que tuve con la recoleta plaza, reliquia de mi nostalgia, me pone ante la dificultosa obligación de entender y comprender el tiempo y los cambios que se sucedieron luego de haber sido demolido el humilde y veterano escenario que cuando se habla de él se hace alusión a un ámbito de regocijada alegría, romanticismo y misterio. Percibo aún el mágico sentimiento del delirio torero que inspiraba.
La chispeante policromía del toreo, cuando se realiza –pareciera que ahí se pulcran los cánones- en la Monumental, que nada tiene de la provinciana originalidad del Progreso- por la gravedad que la caracteriza se pinta con tintes de solemnidad reivindicadora de la seriedad. ¿Por qué entonces aferrarse a llamarla El Nuevo Progreso si como heredera de la seriedad romántica, en complicidad con la elasticidad, no pudo conservar ni la atmósfera oliente al incienso torero que, desparramado por los aires, envolvía a la capillita donde oraron tanto cardenales y obispos como sacristanes y monaguillos?
Lo cierto es que la afición de Guadalajara tiene la plaza y la Fiesta que merece. Hay características en ellas que resultan indiscutibles: hay en ellas operando un criterio absolutista que extremando su dimensión cataloga a la Monumental como lo máximo. ¿Cómo no celebrar entonces el triunfo –uno más, de la ganadería de Medina Ibarra, que pasta en mi tierra Aguascalientes- con bombo y platillo toda vez que el triunfo lo logró en la plaza más importante de México?
Lo celebro con gusto, Y aunque el aficionado tapatío, tal vez mal entendiendo mi actitud reflexiva, crea que me llena de gusto presumir preferencialmente la Fiesta de mi tierra, en realidad celebro que existan plazas en las que, como la Monumental, se busca la reconstrucción de la seriedad, del profesionalismo, del acontecimiento fabuloso, fantástico, mágico, misterioso, solemne, ritual, noble y dramático del fenómeno del toreo apegándose a las estructuras normativas –tradicionales- que le dan la suntuosa categoría al arte y Fiesta del toreo.
De ahí que, comparada la realidad en consideración a los criterios que valoran a la plaza de Guadalajara, sea doblemente significativo el triunfo de la novillada perteneciente al hato de Medina Ibarra.
Ni modo mis queridos tapatíos. ¡VIVA AGUACALIENTES!

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