5 agosto, 2021

CONFERENCIA DE DOMINGO ORTEGA PRONUNCIADA EN EL ATENEO DE MADRID EL 29 DE MARZO DE 1950… FINAL.

Esta es una de las cosas importantísimas para el toreo, es decir, el torero debe saber esto, y debe saber que también se torea huyendo; claro que esto es más complejo que lo que parece a simple vista; yo lo llamaría la supe norma, es decir, lo que dan como resultado las buenas normas; pero, en fin, dejemos este problema.
Claro que hay algunas ganaderías que tienen una gran uniformidad de carácter, debido a su vieja selección; pero esto no es lo corriente. Esto de la selección es un problema muy largo y difícil para explicarlo en un momento.

Esta es una de las cosas importantísimas para el toreo, es decir, el torero debe saber esto, y debe saber que también se torea huyendo; claro que esto es más complejo que lo que parece a simple vista; yo lo llamaría la supe norma, es decir, lo que dan como resultado las buenas normas; pero, en fin, dejemos este problema.
Claro que hay algunas ganaderías que tienen una gran uniformidad de carácter, debido a su vieja selección; pero esto no es lo corriente. Esto de la selección es un problema muy largo y difícil para explicarlo en un momento.
Hablábamos anteriormente del complejo mundo de los toros por su falta de selección, y digo falta de selección, porque todavía no hemos conseguido el toro completamente bravo. Las muchas cruzas que se hicieron con las ganaderías dieron como resultado la poca uniformidad en el carácter. Buena prueba es que, en aquellas que se conservan en una línea más o menos pura, los toros tienen menos diferencias de temperamento unos con otros; aunque bien es verdad que todas en general son hoy más homogéneas que en la época de Pedro Romero.
He aquí el titán del toreo. ¿Se imaginan ustedes matar cerca de seis mil toros sin que ninguno le levante los pies del suelo? Porque hemos hablado de lo complejo de las reacciones de los toros de hoy; pero hay que pensar en los toros de entonces, cuando todavía no obedecían casi a ninguna selección. Ya en la tauromaquia de Montes se ve bien claro la cantidad de resabios que tenían los toros de esa época; naturalmente, muchos son adquiridos por la diferencia de edad en que se lidiaban, pero otros son por el estado anárquico en que se encontraban la mayoría de las ganaderías.
Pues con estos toros tan distintos, Pedro puede escribir en la historia esa su carrera de titán no superada por nadie. Y no solamente él, sino el gran Paquiro, que con las normas recibidas de Pedro llega a dominar todas las suertes del toreo. Este si que es un torero sobre el que valdría la pena hacer un estudio detenido para afianzar de una vez para siempre las normas clásicas y que las generaciones venideras no se apartaran de ellas, porque seguramente se vería cómo en lo que falla, y le lleva a atravesar a los toros, es en lo que él quiere añadir por su cuenta tomándolo de otros ambientes ajenos a las enseñanzas de Pedro. Y conste que estamos hablando del gran Paquiro, que no era cualquier cosa; hay que pensar que este hombre practicaba todo lo practicable, desde el salto a la garrocha y al trascuerno a toda la gama del toreo; además, con una valentía casi temeraria, acoplada a unas condiciones físicas tremebundas; pero como el toro es siempre más valiente y más fuerte que cualquier individuo, por fuerte y valiente que éste sea, cuando los toros empiezan a pegarle tiene que echar mano de lo que recibió de Pedro, y que tenía casi abandonado por la semilla que él mezcló creyendo mejorarlo.
En un pequeño libro, El arte de torear, ya dice que se están perdiendo muchas suertes que eran muy lucidas, y es muy curioso que en todas se refiere a la manera de realizarlas, preocupado sobre todo por el lucimiento, sin que los toros cojan; en cambio Pedro, si deducimos de las cartas que escribe al conde de la Estrella, es todo lo contrario: da normas de cómo hay que llevar la muleta con relación al toro, para que este vaya toreado, es decir, poner en ella todo el romanticismo del toreo; porque en el toreo se da el caso extraño, con relación a las demás artes, de que por medio de las normas clásicas se llega al más profundo romanticismo. Tal vez porque el toreo no es más que eso: romanticismo puro.
Para dar una idea de lo que era Pedro Romero voy a leer un fragmento de la carta que firmada por “J. R. A.” apareció en el Diario de Madrid el año 1795, y que publica Josa María de Cossío en el tomo tercero de su admirable obra Los Toros. Dice así: “Sepa Vuestra Merced, señor mío, que el timón de esta nave es la muleta, en que es Romero inimitable, ya llevándola horizontal al compás del ímpetu del toro, ya llevándola rastrera, como barriendo el piso donde ha de caer, o que ha de usar mal de su grado; aquella muleta que siempre huye, y nunca se aleja de los ojos de la fiera, que a veces la obedece como un caballo al freno.”
Muchos creen que el arte del toreo nació hace cuatro días: ¿Se dan ustedes cuenta de lo que esto supone?
Señores: estamos en un momento grave con relación al arte; el buen aficionado está en minoría, y casi convencido de lo que en general dice la masa: que hoy se torea mejor que nunca, aunque se toree menos con el capote y se mate peor; como si estas dos suertes fuesen aleatorias en el arte. Y digo grave, porque es muy posible que, si no se le pone coto, se pierdan las buenas normas por completo, y si éstas desaparecen, el toreo será una cosa distinta de lo que pudo ser.
He oído dar como argumento en favor del toreo actual, y siento mucho habérselo oído decir el otro día a mi gran amigo Antonio Pérez Tabernero, que los toreros de antes no les interesaban más que a cuatro aficionados, y que hoy se llenan las plazas; pero esto no es razón para afirmar que el arte se haya purificado ni mucho menos.
¿Qué me dirían ustedes si yo afirmase que, porque hoy hay más teatros y acude a ellos más público, los autores actuales son mejores que Calderón y Lope?
Respecto a la presencia de la mujer, claro que a mí, cuando he salido a la plaza, me ha gustado siempre mucho más verla cuajada de mujeres que de señores con puro; pero la conquista de la mujer por la fiesta no se puede tampoco tomar en cuenta, porque es indudable que la mujer va más a los toros, pero también va más al cine, a la universidad y al bar a fumarse un cigarrillo.
Y para terminar, porque temo cansarles a ustedes, con mi insistencia sobre las normas, el toreo es: parar, templar, cargar y mandar a un toro naturalmente. Ayer, hoy y mañana, ha sido, es y será un gran torero todo el que sea capaz de realizar esto bellamente, que aquí es donde la personalidad reclama su parte; los grandes artistas que marcaron algo decisivo se han formado siempre dentro de normas y reglas, y clasicismo no es más que una personalidad singular dentro de una norma eterna”.

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