26 septiembre, 2021

CUANDO LA PRENSA TAURINA SE CONVIERTE EN MOTIVO DE ELOGIO.

ARRASTRE LENTO… La espera se prolongó en tal medida que llegué a pensar que mi compadre me dejaría plantado. Raro me veían los meseros, del lugar de siempre, consumiendo en solitario las deleitosas bebidas que solemos ingerir entre animados alegatos. Apostaría, con miras a ganar, que más raro me sentían las maderas del asiento que ocupaba: éste, a fuerza de ser silla, como los asientos de las plazas de toros, por experiencia sabe distinguir el ánimo de los traseros que las ocupan.

ARRASTRE LENTO… La espera se prolongó en tal medida que llegué a pensar que mi compadre me dejaría plantado. Raro me veían los meseros, del lugar de siempre, consumiendo en solitario las deleitosas bebidas que solemos ingerir entre animados alegatos. Apostaría, con miras a ganar, que más raro me sentían las maderas del asiento que ocupaba: éste, a fuerza de ser silla, como los asientos de las plazas de toros, por experiencia sabe distinguir el ánimo de los traseros que las ocupan. En fin, lo cierto es que para matar el tiempo –vaya desperdicio- quise hojear el diario que me facilitaron. Valdría la pena estar al tanto de lo que pasa en el medio.
-¿Qué hace compadre? me preguntó a su arribo el retardado padre de mi ahijado.
-“Hojeando la prensa compadre”, le respondí con el timbre vocal que amonesta el incumplimiento de los acuerdos. “Ya sabe, apunté, que me gustan los argumentos periodísticos que despiertan el sentimiento crítico de los lectores, y más cuando de toros se trata. A lo mejor hoy hay algo interesante”.
No lo hubiera dicho. No recordé a tiempo, para haberla evitado, la exaltada animadversión que cierta prensa le causa al ilustre compadre. Mi compadre es tan singular que, en cierto sentido, estimo natural que su comportamiento cause la impresión de ser un aficionado raro. Raros son los aficionados exigentes y selectivos; raros lo son quienes se muestran respetuosos del periodismo serio, mesurado, cauto, imparcial, sencillo y objetivo. Mi compadre lo ha dicho en muy diversas ocasiones y circunstancias, máxime en el folclore de la convivencia tabernaria: se declara ferviente enemigo del periodismo taurino vendedor del triunfo que no le pertenece al periodista; se declara acérrimo opositor al periodismo que divulga el éxito de los protagonistas a cambio de obtener ganancias personales.
Reconozco, puesto que los conozco, que como él, como mi compadre, hay aficionados serios que rechazan la difusión y promoción de sucesos, acontecimientos y circunstancias propias del medio taurino con términos y palabras que confunden, equivocan, adulan en exceso, y que finalmente falsean los valores primigenios de la Fiesta.
En lo que sí estuvo de acuerdo el mentado compadre es en reconocer que hay motivos, los cuales destacan la prensa y los medios, para echar las campanas a vuelo, siendo uno de ellos, acaso el principal, las excelentes entradas que se han registrado en las dos novilladas que se han realizado en el coso del barrio de San Marcos.
También aplaudió la difusión de los triunfos en provincia de los toreros que van en vías de convertirse en celebridades de la Tauromaquia mexicana.
Aplaude de la prensa taurina, y lo hacemos los aficionados remilgosos, la divulgación de los éxitos de Arturo Saldívar y José Guadalupe Adame en Jalostotitlán, y el de Juan Pablo Sánchez en Autlán. Y desde luego el triunfo de Gerardo Adame en su tierra donde, según parece, ha nacido un romance entre novillero y afición muy estimulante.

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