24 julio, 2021

CUANDO LA SUERTE ES CONSIDERADA COMO UNA INSTITUCIÓN DE SEGUROS PARA LOS TOREOS DÉBILES.

Licenciado Luis de la Rosa.
Fino amigo:
No creo decirte nada novedoso que tú no sepas. Pero como hecho anecdótico me parece relevante, por la traviesa ambigüedad que lo envuelve, el sentido idiomático de la expresión a la que me refiero.
Es común, tanto que pareciera raro cuando así no sucede, que momentos previos al sorteo, y no se diga a la realización del festejo, a los profesionales se les desee la mejor de las suertes. ¡Suerte torero!

Licenciado Luis de la Rosa.
Fino amigo:
No creo decirte nada novedoso que tú no sepas. Pero como hecho anecdótico me parece relevante, por la traviesa ambigüedad que lo envuelve, el sentido idiomático de la expresión a la que me refiero.
Es común, tanto que pareciera raro cuando así no sucede, que momentos previos al sorteo, y no se diga a la realización del festejo, a los profesionales se les desee la mejor de las suertes. ¡Suerte torero! La cantaleta es ya una fórmula convencional que, cual machote de cortesía, cumple con su función de estímulo.
Te cuento que, el viernes pasado, al retíranos de los corrales de la San Marcos, a donde, en compañía del apoderado de uno de los novilleros que actuarán hoy por la tarde, acudimos a ver el encierro de Boquilla del Carmen, al despedirnos del susodicho tutor del novillero, mi amiga Gloria, con acentuada solemnidad, como quien dice una frase sobrecargada de aires monásticos, en tanto le extendía la mano y luego el cachete, pues como es la costumbre, hoy los saludos se realizan con besos en las mejillas- al tutor del novillero, lo hizo con la expresión de marras le dijo ¡Suerte!
Como saetas luminosas, acaso como indomables rayos súbitos de ideas, y a ritmo de vuela pájaro, de nuevo afloró a mi mente que lo que los taurinos consideran “suerte”, sobre todo la “buena suerte”, no es una institución de seguros para toreros débiles, necesitados de apoyos, frágiles emocionalmente, e inmaduros técnicamente.
Puesto que te he comentado en múltiples ocasiones lo que pienso al respecto apreciado licenciado, no habrá de sorprenderte que te cuente que, al escuchar la tierna expresión de mi amiga Gloria se reafirmó en mí la idea de que la llamada “buena suerte” y el deseo de los toreros de triunfar a toda costa “se implican mutuamente desde el principio de su concepción”.
Y recordé, fino amigo, el concepto que hemos compartido: sólo el torero, en el curso incierto de su evolución, y siempre atenido al crecimiento y conocimiento que llegue a tener de sí mismo, es capaz de llegar a ser ¡coautor! de la “buena suerte”. Y comprendí con ardiente rubor, como cuando tardíamente lo hice alguna vez vistiendo el flamante terno de luces, –también lo sabes porque lo viviste en carne propia- que “la buena suerte” en el ruedo no siempre está a la vera de un amuleto ni de una plegaria.
Conociendo el pavor que los profesionales del toreo le tienen a la catastrófica “mala suerte”, puesto que la ven y la sienten como una temible fuerza externa que perturba la creatividad, intoxica la inspiración, y destruye la ilusión, prefiero no hablar de ella.
Licenciado, -ya con esta me despido- concretado mi deseo de saludarte, sumado al de desear que en tu próximo viaje a la península logres tus expectativas, me despido de momento recordando la tesis que a lo largo del tiempo he sustentado: el éxito y la gloria –pero no mi amiga desde luego- le vienen a los toreros por una correlación de causas, y sólo se podrán alcanzar mediante el acto de colaboración y de identificación activa del torero con el sueño mismo.
¡Qué improductivo les resulta a los profesionales del toreo poner su destino en las fuerzas mágicas para que sean remedio a sus debilidades a su distracción espiritual! ¡Qué necedad poner el destino en manos de las impredecibles fuerzas externas al hombre mismo!.
Lo dicho fino amigo: el éxito y la suerte se gestan en las entrañas del torero mismo.
arrastrelento@gmail.com

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