23 julio, 2021

CUANDO LOS PRESIDENTES SE EQUIVOCAN.

Vaya por delante que no soy “josetomasista”, lo cual me va a permitir hablar, del tema de la oreja no concedida en Valencia, con cierta objetividad.
Tampoco me considero especialmente dado a conceder trofeos a troche y moche, pero del mismo modo soy de los que piensan que éstos deberían ser potestad del público, que es quien sustenta el espectáculo.

Vaya por delante que no soy “josetomasista”, lo cual me va a permitir hablar, del tema de la oreja no concedida en Valencia, con cierta objetividad.
Tampoco me considero especialmente dado a conceder trofeos a troche y moche, pero del mismo modo soy de los que piensan que éstos deberían ser potestad del público, que es quien sustenta el espectáculo. Soy consciente de que el respetable se puede equivocar y que su voluntad es mucho más voluble que la de los presidentes, pero la diferencia es que cuando el público se equivoca lo hace tras haber pagado su entrada y cuando es el presidente el que se equivoca no lo hace a costa de su propio dinero.
El principal argumento que se da para que la segunda oreja sea potestad presidencial es que con esto se logra dar mayor seriedad a la plaza. Es posible, pero también se logra en muchas ocasiones disgustar innecesariamente el público, con el peligro de que este termine por dejar de ir y el festejo pierda, además de su “seriedad”, su sostenibilidad económica. Si se quiere dar seriedad, empecemos por dar seriedad en los corrales y lo demás vendrá añadido.
Visto con cierto distanciamiento, la labor de José Tomás era de una oreja bien merecida, no por la calidad de la misma, si no por su emotividad y la entrega que el de Galapagar mostró.
Pero si nos situamos en la propia plaza y valoramos todos los elementos que confluían esa tarde, no tiene razón de ser que el presidente negara una segunda oreja que el público demandó de forma rotunda e incuestionable. Un matador que reaparece tras una terrible cornada; un público entregado que vibró con su ídolo y que en su inmensa mayoría disfrutó intensamente con la faena al cuarto; una tarde importante en todos los sentidos y una cobertura mediática que escapaba al mero ámbito taurino.
Valencia, su feria de julio y el mundo del toro en general, tuvieron la oportunidad de aparecer al día siguiente en todas y cada una de las portadas de todos y cada uno de los medios escritos, en los “telediarios” de muchas televisiones y en cualquier medio de comunicación digital o hablado.
Una publicidad gratuita que la fiesta necesita como agua de mayo y que el Sr. presidente de la Plaza de Valencia evitó, porque ese día le salió la vena “purista”, cuando en esa misma plaza se han dado orejas con menos méritos.
El impacto social y económico fue tan importante que igualmente encontró su hueco en muchas publicaciones, pero las puertas grandes son como los goles, y si no se dan, la repercusión se ve profundamente mermada.
¿Quiero decir con eso que habrá que reglar las orejas a José Tomás? No, ni mucho menos. Se las tendrá que ganar como el que más. Pero hay tardes y tardes, y lo mismo que se debería medir las faenas en función del toro, algo que raramente se hace, también se debería medir las orejas en función del resto de circunstancias que se dan y, sobre todo, en función de los deseos del público.
Es posible que, con estas consignas, perdamos “seriedad”, pero es que lo que nos jugamos es la supervivencia de la propia fiesta y si tengo que elegir entre una plaza llena de público o una casi vacía de aficionados, me quedo con la primera.

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