29 julio, 2021

CUANDO LOS TOREROS, CUAL ÁRBOLES, LES CONCEDEN ATRIBUCIONES MÁGICAS A SUS SOMBRAS.

ARRASTRE LENTO… Hay objetos cuya constitución resulta intrigante. Sobre todos los objetos vivos. Tal es el caso de los árboles. Tan originales son que las sombras que producen -en determinadas circunstancias- participan de las virtudes del mismo árbol que las produce. Me han dicho, aunque no lo creyera, que hay árboles venenosos cuya sombra mata a los incautos que buscan alivio en la sombrilla de sus ramas. Lo que he podido comprobar es que la sombra de los árboles frescos también lo es, tanto que hasta parece que moja.

ARRASTRE LENTO… Hay objetos cuya constitución resulta intrigante. Sobre todos los objetos vivos. Tal es el caso de los árboles. Tan originales son que las sombras que producen -en determinadas circunstancias- participan de las virtudes del mismo árbol que las produce. Me han dicho, aunque no lo creyera, que hay árboles venenosos cuya sombra mata a los incautos que buscan alivio en la sombrilla de sus ramas. Lo que he podido comprobar es que la sombra de los árboles frescos también lo es, tanto que hasta parece que moja.
En cierta ocasión, hablando al respecto de la sombras de los árboles con el ilustre presbítero ya extinto don Jorge Hope, éste me decía que estuviera alerta con las sombras del cafeto toda vez que están cargadas de desvelos pues, ciertamente, el café es bebida de insomnio.
Lo cierto es que, al margen de cualquier divagación idealista, en el transcurso del presente ciclo ferial los aficionados hemos buscado en el llano de la plaza Monumental el refugio en la sombra de algunos tallos humanos a los que, cual árboles, les hemos concedido atribuciones a sus sombras.
Los aficionados hemos visto enhiesto y frondoso el árbol de José Guadalupe Adame, “Joselito”. Y como lo hemos visto alto, recio y duro como un roble, en el ejercicio del comparativo natural nos es viable diferenciarlo de aquellos otros árboles que, creyéndose altos pinos que sudarían resina, lastimosamente no logran sino escurrir babas.
Pues sí, con pena los aficionados hemos visto que, pudiendo no ser atribuible a ellos, ciertos toreros en el serial han dejando patente el tono de sus sombras, sombras que, opacas por la ausencia de luz, han diluido los matices del optimismo y la esperanza. Sombra que es un remedo de ilusión. ¡El sol en color de sombra! Las sombras opacas de Garibay, de Ochoa, de Ortega.
De ahí que, como aficionado, durante sus dos actuaciones que ha tenido me haya emocionado el ensanchamiento del pecho de Adame (Joselito) que, cual árbol plantado con sacrificios, y cultivado con coraje y derroche de voluntad en permanente forcejeo con la apatía, se dirige al sol henchido de pasión y esperanza. Y su sombra empieza a ser abrigo de infinidad de ilusiones.
Y viendo a Juan Pablo Sánchez, al propio José Adame, y a Arturo Saldívar derrochar entusiasmo y vitalidad torera, siento en mis manos ese hormiguee de nervios que se experimenta cuando se mira el paisaje en el que seguramente, sin sombras que lo impidan, habrá traslado de polen, e inquietudes de vírgenes, propiciando el renuevo: crecerá la semilla, y la doncella le agradecerá amantísima a su propia sombra haber dejado de serlo.
Como recordé las palabras del apreciado clérigo don Jorge Hope, también recuerdo las de mi madre, simpática viejecilla que rebatiendo las improvisaciones insistía en que la terquedad se construye a golpe de paciencia: así, golpe a golpe, uno a uno, hemos visto forjarse a esos chiquillos inquietos que jugando al toro, son ya flor en capullo con su propia sombra de ilusión y fantasía. ¡Ya son toreros consumados!
Lo mejor: me queda claro el sentimiento de alegría que experimento en el cobijo de la sombra de estos jóvenes que van que vuelan a la cima de la tauromaquia mexicana.
arrastrelento@gmail.com

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