2 agosto, 2021

CUÁNTO TORERO VIO LAS PRIMERAS LUCES DE SU FELICIDAD TORERA EN AGUASCALIENTES.

ARRASTRE LENTO… Cuando se trata de precisar la posición de Aguascalientes dentro del contexto taurino mexicano, la entidad sobresale con notable diferencia por encima de las debilitadas plazas que componen al resto del país.

ARRASTRE LENTO… Cuando se trata de precisar la posición de Aguascalientes dentro del contexto taurino mexicano, la entidad sobresale con notable diferencia por encima de las debilitadas plazas que componen al resto del país.
¿Por qué la pretensión? Son varias las razones. ¿Por qué la presunción? Tan sólo me atengo a la más inmediata. Enfrente del pavoroso descuido de las temporadas de novilladas en la provincia de México, la que se realiza en la plaza San Marcos, aunque reducida en número, toma una posición directora. Es un hecho que las novilladas en Aguascalientes sirven para echar con las bendiciones del cielo por los estrechos y sinuosos caminos a la gloria a los que defienden con su heroico denuedo la exacta concepción de lo que es un soñador con hambre de fama y reconocimiento.
A cualquier novillero le es, si bien no indispensable, por lo menos altamente productivo darse a conocer, y no se diga triunfar, en Aguascalientes. Si repasamos la historia de las novilladas en ésta bendita tierra nos damos cuenta que fue aquí donde dieron sus primeros pasos en la ruta del heroísmo grandes toreros. Fue aquí donde cargaron sus baterías para la conquista, y aquí donde sintieron los primeros alientos.
Claro que Aguascalientes es único, tan lo es que destacados consejeros –que así se les llama a los taurinos que saben del valor cultural y el sabor místico de aquí- les sugieren a los novilleros de diferentes lugares que vengan y se empapen de sus aires y aromas. Quienes lo han hecho encontraron el rumbo sin extraviarse, y ya no persiguieron fantasmas de alucinación; quienes lo han hecho expulsaron idealismos y concepciones torcidas de la realidad taurina.
Fue aquí donde aprendieron a aquilatar lo verdaderamente valedero. Fue aquí donde encontraron sus caminos de orientación. Fue aquí donde, lo confesaron Rafael Rodríguez y Humberto Moro padre, por mencionar tan solo dos nombres de la extensa lista, bajo el tumulto de encontrados pensamientos, y gimiendo desesperadamente de ansiedad y desconcierto, encontraron claridad en los planos del laberinto de la tauromaquia. ¡Cuánto torero vio las primeras luces de su felicidad precisamente en Aguascalientes!
Que Aguascalientes está por encima de muchas plazas no lo digo yo; lo dicen los toreros que dentro del colorido y el marco realzador de la plaza, motivados por el acompañamiento de sus admiradores, y alentados por el coro de alabanzas de los taurinos y aficionados entendidos de aquí, vieron al pajarillo de su ilusión convertirse en águila real.
Y estos toreros hasta hablaron de amor.
Supieron que Aguascalientes es uno de los últimos rinconcitos donde se le rinde fervoroso culto al clasicismo del toreo. Supieron que en Aguascalientes se ama al toreo. Supieron que en Aguascalientes con la verónica de El Calesero se llenó de magia, que con el valor espartano de Rodríguez se llenó de pasión, y que con el embrujo primaveral de sus barrios se llenó de misterio.

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