27 julio, 2021

¿CUÁNTOS LIBROS DE TOROS HA LEIDO EL TAURINO QUE SE CONSIDERA CULTO?

ARRASTRE LENTO… El buen aficionado a los toros sabe que la lectura de textos literarios ofrece múltiples bondades y beneficios sobresaliendo desde luego el declarado enriquecimiento de la cultura taurina. Y sabe el buen aficionado también que, luego de agradecerle la diversión y el entretenimiento a la literatura, por lo general concentrada en libros y artículos de revistas y diarios, algunos de ellos capaces de hacernos volar en el sueño de la belleza, al romper las berreras del tiempo no sólo nos hermana en la historia y en la geografía, sino hasta nos hace formar parte de una fraternidad que tiene por motor existencial la realidad, a veces coludida con la fantasía, la magia y el misterio, de la tauromaquia.

ARRASTRE LENTO… El buen aficionado a los toros sabe que la lectura de textos literarios ofrece múltiples bondades y beneficios sobresaliendo desde luego el declarado enriquecimiento de la cultura taurina. Y sabe el buen aficionado también que, luego de agradecerle la diversión y el entretenimiento a la literatura, por lo general concentrada en libros y artículos de revistas y diarios, algunos de ellos capaces de hacernos volar en el sueño de la belleza, al romper las berreras del tiempo no sólo nos hermana en la historia y en la geografía, sino hasta nos hace formar parte de una fraternidad que tiene por motor existencial la realidad, a veces coludida con la fantasía, la magia y el misterio, de la tauromaquia.
La pregunta es intencionadamente resolutiva: ¿por qué son tan escasos los lectores taurinos en México, muy concretamente en Aguascalientes, y por qué tan reducida la producción de textos en sus muy diversas modalidades?
Cuánto le agradezco a las circunstancias la oportunidad que me dio de entender que la literatura taurina, poniendo a mi alcance mundos distantes y desconocidos, se torna generador de comprensión, entendimiento y de progreso, sobre todo aquella que sesuda por naturaleza, se adorna, con las galas de la destreza y la estrategia facultada para despertar la conciencia y animar la sensibilidad.
Tengo por cierto que ser aficionado taurino implica pertenecer a la comunidad que tiene a su vez una manera de ser, lo cual lo identifica en un modo que, sin pasaporte visado, le permite transportase a un universo en el que la novela, la poesía, el ensayo, el cuento, el análisis, la investigación y el tratado forman la estructura de un mundo que, pudiéndolo tener a su alcance con tan sólo contagiarse de la emoción de hacerlo, no envejece pues está facultado para eternizar el tiempo instantáneo de los acontecimientos.
La realidad es que el mundo de los toros mucho le debe a la literatura en sus muy variados modos, y tan le debe que respetando las fronteras regionales de la cultura geográfica y territorial de cada zona, y de cada mente, ésta ha contribuido para regular los sistemas de valores y los criterios culturales que le dan tan alta jerarquía a la tauromaquia igualando horizontalmente las maneras de pensar, de juzgar y de comportarse en torno a la maravillosa manifestación del toreo.
Me queda claro que la literatura ha sido el factor de influencia que puso en alto rango la invisibilidad clásica de los conceptos taurinos. Lástima que el aficionado común se satisfaga con la cultura que, disfrazada con el nombre de popular, tiene algo de enemistad con la que se vigoriza en las libros y las bibliotecas. Es una realidad que al taurino común le gusta la cultura de la calle, la taberna, la fiesta, el café, los tendidos, y rechaza la que brota y se conserva en las bibliotecas y estanterías de salones y palacios malamente llamados aristócratas del toreo.
¿Será posible que en universo del toreo existan los antípodas culturales a partir de la literatura? No debiera ocurrir, pero el fenómeno tiene una realidad tangible. Hay taurinos culteranos que, diametralmente opuestos a los tenidos por incultos, se ha mamado buena cantidad de nutriente de la literatura que su enriquecimiento personal es incuestionable. Pero a los de la posición de enfrente ni les va ni les viene la mentada literatura: claro que no por ello se les pude catalogar como barbajanes.
Sin embargo hay una posición en medio de ambos, y que su petulancia, la cual disfraza su ignorancia, es a todas luces exhibicionista: los coleccionistas; los que hablan de títulos y autores; los que hablan de referencias accidentales que captan a vuelo de pájaro, cuando por ocurrencia abre las páginas de la gran cantidad de textos que acumulan y que tal vez empiezan a leer, pero que nunca terminan.
Lo cierto es que hablo de una realidad curiosa. Curiosamente mexicana. Doy por cierto que en otros países, España y Francia por ejemplo, la producción de literatura taurina es en verdad abultada, y docta además. Ofreciendo variantes tan interesantes que, ¡uf! ¡Qué envidia!

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