1 agosto, 2021

CURRO DÍAZ: CORNADA Y FRACTURA DE PERONÉ.

Decimocuarta corrida de abono, Sevilla, plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería.
Sábado 7 de mayo del 2011. Toros: Cinco de Manolo González. Salvo el sexto, que tuvo fuerza y algo de raza, los demás fueron una vergüenza en cuanto a su juego y presentación. Y uno de Salvador Domecq, el quinto de la tarde, de nombre “Bejarano”, que fue el que hirió a Curro Díaz.

Decimocuarta corrida de abono, Sevilla, plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería.
Sábado 7 de mayo del 2011. Toros: Cinco de Manolo González. Salvo el sexto, que tuvo fuerza y algo de raza, los demás fueron una vergüenza en cuanto a su juego y presentación. Y uno de Salvador Domecq, el quinto de la tarde, de nombre “Bejarano”, que fue el que hirió a Curro Díaz.
Toreros: Juan Mora, buena estocada al que abrió plaza, pero el puntillero lo levantó y tuvo que descabellar hasta en seis ocasiones: silencio. Al cuarto lo mató de entera baja: palmas. En el quinto, mató de sartenazo y descabello.
Curro Díaz, al único que mató lo despachó de estocada perpendicular a toro parado y un golpe de verduguillo: al tercio.
David Fandila “El Fandi”, entera caída y al tercio en su primero. Al sexto lo mató de un cuasi bajonazo trasero: leves palmas.
Poco que contar y mucho que lamentar hubo en esta corrida del sábado de farolillos. El encierro parchado quizá fue bueno, pero sólo desde el punto de vista del gremio de los carniceros, pues los toros no ayudaron en nada al lucimiento de los espadas.
Juan Mora no se había presentado en La Maestranza desde hacía casi once años. Una de esas ausencias que demuestran con creces que la empresa de Sevilla padece serios problemas de afición y coherencia. En fin…
En su esperado regreso, el torero nacido en Plasencia se enfrentó con el lote más deslucido que pueda usted imaginarse. El primero de la tarde tenía un buen pitón derecho, pero también tenía una debilidad y una falta de raza pasmosa. Todo quedó en una tanda de derechazos muy toreros y en el espectáculo de llevar la espada de verdad desde el inicio de la faena de muleta, estoqueando certeramente cuando el toro pide la muerte.
Con el cuarto, Juan Mora estuvo torerísimo con el capote lanceando por mandiles y por un momento pensamos que la tarde podría levantar el vuelo, pero eso nunca ocurrió. Esta vulgar imitación de un toro de lidia probaría ser un animal inválido y rajado que embestía en la muleta con menos alegría que un sofá de media casta. Tras liquidarlo, el torero cogió un puño de albero, lo puso en su montera y la gente le ovacionó.
Curro Díaz salió muy decidido a darlo todo, y así lo demostrarían los hechos, aunque hubo un tabaco que lamentar. En el segundo de la tarde un toro agalgado y blando que se caía consiguió buenos momentos toreando al derechazo y rematando con el de pecho. Ejecutó bien la suerte de matar a toro parado y nos reveló una nueva manera de descabellar a los bichos: corriendo para atrás y dejando el estoque de cruceta en el testuz hasta que el rumiante se ensarte solo.
El quinto del festejo, el que remendaba el pobrísimo encierro de Manolo González, fue poco claro desde el principio. Tenía media embestida, se frenaba, estaba quedado, tiraba la cornada, etc. En el primer tercio sorprendió al tumbar al picador Agustín Navarro, pues había salido de toriles dando ciertas muestras de debilidad ¿habrá sido porque el jinete no sabe usar la vara de detener?
El trasteo parecía que no iba a tener ni un momento interesante, pero el torero de Linares comenzó a consentir al cornúpeto y a exponer más y más. El taimado pupilo de Salvador Domecq fingió que pasaba en una tanda de naturales, el mejor momento en cuanto a temple y dimensión en los pases de toda la tarde, pero al volverle a presentar la muleta con la zurda el toro dio una embestida, se revolvió, derrotó y le levantó los pies del albero, perforándole la pantorrilla derecha y partiéndole el peroné. Así es la Fiesta, hay percances y hasta tragedias en la lotería de cada tarde.
El Fandi fue fiel a sí mismo durante todo el festejo, si bien sorprendió al respetable en algunos momentos de clasicismo con las banderillas. Al tercero de la tarde, un toro horroroso de hechuras, tan cabizbajo que parecía estar arrepentido de su basta estampa, y que según la pizarra tenía cinco años ocho meses, el granadino lo recibió con dos medias largas de rodillas verdaderamente emocionantes. Llevó al toro a caballo con las chicuelinas andantes de Pepe Ortiz, también llamado el quite por las afueras, y terminado el primer tercio tomó los palos. El segundo par fue el mejor de los tres, El Fandi expuso de verdad y clavó en todo lo alto aguantando mucho. El galafate ya habíase dado una vuelta de campana en el capote y con las carreras maratónicas que David Fandila hace dar a sus toros uno hubiera supuesto que estaba listo de papeles, pero no, tuvo todavía la bondad de embestir unas seis veces antes de claudicar.
El castaño sexto, de agradable presencia, fue otra cosa pues tuvo transmisión, recorrido y bravura. Extrañamente, al colocar los garapullos el torero no corrió hacia atrás sino que los puso de manera ortodoxa. Inclusive marró colosalmente al intentar poner al violín el tercer par; pero que conste que hubo un sesgo por fuera (el segundo par) que fue grande de verdad. Con la muleta El Fandi estuvo como siempre, sin mandar, sin completar los muletazos, con la muñeca petrificada, sin hacer humillar al toro, aperreado, etc. Y así cualquier toro con un poquito de instinto bravo y motor parece ser el legendario barrabás, el pregonao. Lo mejor de su labor muleteril fue un arriesgado molinete en tablas al iniciar la faena. Este toro, de nombre “Sobretodo”, debe haber muerto presa de la decepción, pues seguro salió al ruedo pensando que le había tocado en suerte a Juan Mora o a Curro Díaz, pero no, lo habían engatusado.

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