29 julio, 2021

DE LOS TOROS… CON VERDAD.

Para el fuste del cartel, buena resultó la entrada de un cuarto de plaza en tarde por demás agradable, con un cielo despejado y azul.

Para el fuste del cartel, buena resultó la entrada de un cuarto de plaza en tarde por demás agradable, con un cielo despejado y azul.
Poco, muy poco, casi poquísimo se vio toda vez que con un encierro, a excepción de un burel anovillado y sin trapío que se saltó la cerca jugado en tercero, del prestigiado criador Don José Julián Llaguno, serio, hondo, con cuajo, imponencia y el trapío que cuando hay crianza lo da la edad, sin excesos de romana y muy bien armados con astifinos y bien desarrollados pitones que daban innegable mérito a los espadas alternantes.
Todos luciendo pelaje negro zaino, luciendo arrogancia e imponiéndose desde salida, cumpliendo bien en sus peleas en varas, desmontando algunos, como dos haciendo los tradicionales saltos al callejón sembrando pánico, para llegar al tercio de muerte con complicaciones, exigentes, pidiendo el carnet a los matadores sin dar facilidades mayores para lucir. Había, sí, que poderles con la técnica y recursos de auténticos lidiadores bien puestos con el toro, resultando de ahí que no hubiese mayores éxitos toda vez que los de la terna, lo aseguro, con el poco torear en cosos de escasa monta y ante ganado de paupérrima importancia, al momento de enfrentar ejemplares como los que envió mi buen amigo Pepe, pues por mucha voluntad y las por demás claras deficiencias con las espadas, ya… Ya se entiende el resultado.
Hubo un sobrero de obsequio con hierro y divisa de Los Encinos, un pedazo de toro con capa cárdena, verdadero cromo, armonioso, cuajado, con hondura y una enarboladura para quitar el hipo a cualquiera que tampoco fue propicio para triunfar. Así…
Así, las actuaciones de los tres diestros, repito, con la voluntad por delante de acuerdo a los estilos y formas de interpretar el toreo de cada uno de ellos, distó con mucho para una tarde triunfal.
Israel Téllez, de poco gusto para vestir, –en pasamanería, casi igual que uno de sus propios banderilleros–, como para torear, estuvo carente de poder, gritando estentóreamente en los cites pero falto de estructura, de trazo y de temple sin destacar en nada con la capa y de nivel pueblerino con la muleta dejándosela trompicar y hasta perdiéndola en la estocada. Deslavazada su labor, no es ni con poco torero para Guadalajara matando con el defecto de irse desde que se perfila y sin encelar en el embroque en el que estrella el engaño quedándose en la cara del cornudo sin pasarse, pinchando de más, luego de ser cogido espectacularmente por el cuarto llevándose un golpazo al caer de cara y la posibilidad de que llevara una cornada en el muslo derecho, pasados unos minutos salió de la enfermería con la extremidad vendada en escena por demás dramática, — ¿cómo le permitió el servicio médico y la autoridad volver en condiciones tales..? –, para tras de pinchar, recibir los tres avisos de rigor para la devolución del burel, volviendo al quirófano teniendo Aldo Orozco que intentar, — cosa que no logró – terminar con la res.
Actitud, entrega y gran disposición la del tapatío en sus dos enemigos, haciéndose tocar las palmas en un quite ceñido por saltilleras rematados con revolera y serpentina, aguantando que los de Llaguno lo midieran en sus trasteos en los que destacó con algunos muletazos por abajo de buena factura que le hubiesen valido reconocimiento mayor de no andar tan perdido con los aceros. Despenó al segundo de dos pinchazos y bajonazo de rechifla, y al quinto, un torazo de impresión, de tres viajes pinchando, doblando el ejemplar luego de ser estrellado en un burladero afectándosele la locomoción de sus patas traseras para doblar, no poderse poner en pie y ser apuntillado. Muchos deseos y buen afán de Aldo que, sin duda alguna, tiene mayores merecimientos que muchos otros para figurar en carteles de mayor categoría.
He visto a un Ricardo Rivera, valiente como el que más, pechar con el segundo que inconformó al público por su escasa presencia y en nada apoyó al colombiano, para con el sexto volcarse voluntarioso y entregado pero sin remontar. Regaló el sobrero de Los Encinos, precioso de estampa, con mucha lámina con el que sin redondear, le ligó algunos muletazos con la diestra y al natural que se le corearon en un faena larga cuando las luces de las lumbreras regaban el ruedo, para de nueva vez verse falló con la toledana recibiendo un aviso del palco.
Y hablando de regar… Vaya regada con la que regaron su actuación la empresa y los servicios de plaza que ahorrando seguramente el vital líquido, pero con una falta elemental de respeto a un público que sus entradas paga, dejó a los asistentes a las barreras cual polvorones. Que poca… “Atención”…
Correo electrónico: francisco@baruqui.com

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