29 julio, 2021

DÉCIMA CORRIDA DE ABONO, SEVILLA, PLAZA DE TOROS DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA. ESAÚ FERNÁNDEZ SE DOCTORA Y TRIUNFA.

Martes 3 de mayo del 2011. Toros: Seis de El Pilar-Moisés Fraile, desiguales de presentación y juego. El quinto fue ovacionado en el arrastre.
Toreros: Morante de la Puebla, en el segundo de la tarde un pinchazo y media: silencio. Al cuarto lo pasaportó de un pinchazo hondo y cuatro golpes de descabello: aviso y silencio.
Manuel Jesús “El Cid”, al tercero de la tarde lo mató de entera en buen sitio y salió al tercio. Al quinto lo liquidó de pinchazo sin soltar y estocada baja con travesía: leves pitos.
Esaú Fernández, al toro de la alternativa le dio una estocada un poco trasera y caída para cortarle una oreja. Al sexto le atizó una buena entera y cortó otro apéndice.

Martes 3 de mayo del 2011. Toros: Seis de El Pilar-Moisés Fraile, desiguales de presentación y juego. El quinto fue ovacionado en el arrastre.
Toreros: Morante de la Puebla, en el segundo de la tarde un pinchazo y media: silencio. Al cuarto lo pasaportó de un pinchazo hondo y cuatro golpes de descabello: aviso y silencio.
Manuel Jesús “El Cid”, al tercero de la tarde lo mató de entera en buen sitio y salió al tercio. Al quinto lo liquidó de pinchazo sin soltar y estocada baja con travesía: leves pitos.
Esaú Fernández, al toro de la alternativa le dio una estocada un poco trasera y caída para cortarle una oreja. Al sexto le atizó una buena entera y cortó otro apéndice.
En un marco no tanto triunfal sino triunfalista, Esaú Fernández, el torero de Camas, ha salido en hombros de La Maestranza para iniciar su vida como matador de toros.
El primero de la tarde no tenía hechuras, para efectos de esta plaza era muy, muy anovillado y feo. Ese hecho para mí deslució toda la labor del muchacho. Esaú se fue a porta gayola y logró salir con bien del trance. Su cuadrilla lidió lamentablemente al raquítico rumiante y ya en la faena de muleta el toricantano dio varias tandas de muletazos entre los vítores del público. Mató con eficacia y la gente, que –supongo- lleva enormes lupas a la plaza para ver toros y faenas de gran tamaño, pidió una oreja a la presidenta, la cual ésta soltó con desparpajo. Sí, con el mismo desparpajo con el que había aprobado a la sabandija que abrió plaza.
El sexto ya fue otra cosa. Era un toro colorado de buena presencia, pero que no tenía casi nada de raza. No obstante, se dejó torear. Esaú volvió a irse a porta gayola y nuevamente pegó un buen lance. Después toreó bien a la verónica rematando con dos excelentes medias. Brindó al público y logró gustarse en tandas de derechazos templados y sin ajustarse, rematadas con el martinete. La faena empezó a decolorarse debido a que el toro perdió interés en embestir y se desentendió de la muleta del torero. Esaú –difícil acostumbrarse a que los toreros tengan nombres tan del Antiguo Testamento- le propinó al burel una muy buena entera y cortó la segunda oreja de la tarde. La gente lo paseó a hombros y este joven coleta de apenas veinte años ya tiene una gran anécdota para contarle a sus nietos.
A Morante se le acabó otra feria y no le salió un toro bravo, que es lo que mejor le va a este gran torero. Pero un día a José Antonio le tocará el toro de bandera en esta plaza y espero estar presente. Hoy el segundo de la tarde lo puso en serios aprietos cuando lanceaba. Luego el animalito dio una vuelta de campana y el costalazo lo dejó listo de papeles. El cuadrúpedo llegó débil y rebrincao a la muleta y no hubo lucimiento posible.
En el cuarto Morante pegó unas verónicas y una media que –si me permite el viejo y manido tópico- valieron la entrada. Hay en los lances del de La Puebla del Río una proporción, un ritmo, una distancia y un temple inigualables.
A la postre, el toro resultó manso (¡qué casualidad!) y peligroso. Embestía sin clase alguna, se colaba y tiraba gañafonazos. Morante aguantó y estuvo en plan lidiador, comenzando el trasteo con muletazos de castigo, un molinete y trincherazos enormes. Valiente como él solo, toreó al de Moisés Fraile por el pitón derecho en la mínima distancia, aguantando a un toro que se vencía mucho y sacándole pases de bella factura y muchos riñones. Pronto se acabó lo que se daba y después de un susto y un desarme, Morante pasó fatigas para deshacerse de su enemigo.
El Cid sorteó un buen lote. Su primero fue manejable por débil y mansito. Pero el de Salteras se alivió en demasía, gritando mucho y sin parar nunca. Por estar muy mal colocado y dejarle mucha luz por poco lo coge el toro. ¿Lo mejor? Algunos pases de pecho.
Lo del quinto ya no tuvo excusa ni nombre. “Dudoso” se llamaba este precioso toro, carbonero (que así se llaman los berrendos sucios y entrepelados, como me lo explicó don Ernesto Fernández Nogales), capirote y botinero de pinta, que además fue bravo y noble. A este tipo de bichos, cuando El Cid era El Cid y los mataba, les cortaba las orejas, y cuando no, triunfaba de todos modos. Ahora Manuel Jesús estuvo atropellado, con prisas, sin tocar a tiempo, desconfiado, zaragatero, etc. Por ahí se aparecieron como fantasmas dos naturales de los buenos tiempos, de esos largos y mandones, pero nada más.
Según el filósofo alemán Leibnitz vivimos en el mejor de los mundos posibles. De ese modo, a Esaú le tocaba la alternativa soñada y al Cid aun debían acompañarle esta tarde la suerte y el favor del respetable; ningún resultado podía haber sido mejor o más justo. Donde esta filosofía del conformismo cae por su propio peso es cuando trata uno de aplicársela a Morante: la tarde verdaderamente grande de este espada está todavía por llegar, lo bueno es que cada vez falta menos.

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