24 julio, 2021

DECIMOSEGUNDA CORRIDA DE ABONO, SEVILLA, PLAZA DE TOROS DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA.

La normalidad tan añorada y reconfortante.
Jueves 5 de mayo del 2011. Toros: Siete de Torrehandilla-Torreherberos (hubo un cuarto bis porque el primero se lastimó la mano izquierda), de presencia desigual, mansos y débiles en conjunto, excepto el que abrió plaza, que tuvo recorrido, transmisión y raza.
Toreros: Manuel Jesús “El Cid”, entera y oreja del primero. Al cuarto bis lo mató de pinchazo y entera contraria: silencio.

La normalidad tan añorada y reconfortante.
Jueves 5 de mayo del 2011. Toros: Siete de Torrehandilla-Torreherberos (hubo un cuarto bis porque el primero se lastimó la mano izquierda), de presencia desigual, mansos y débiles en conjunto, excepto el que abrió plaza, que tuvo recorrido, transmisión y raza.
Toreros: Manuel Jesús “El Cid”, entera y oreja del primero. Al cuarto bis lo mató de pinchazo y entera contraria: silencio.
Cayetano, al primero de su lote lo despachó con una media lagartijera, silencio. Al quinto le pegó un pinchazo en lo alto y una entera trasera: petición y vuelta al ruedo.
Daniel Luque, en el tercero de la tarde, un pinchazo, otro en los blandos y estocada a la media vuelta: al tercio. Al que cerró plaza lo liquidó de un estoconazo: oreja.
El encierro de Torrehandilla no fue para echar las campanas al vuelo, ni mucho menos, pero estuvo dentro de los parámetros normales de una corrida de toros. Hubo ejemplares mansos, uno bravo y fuerte, otros con cierta guasa, cinco débiles… Lo dicho, animales de lidia, no saltarines y descastados rumiantes como los pupilos de Ricardo Gallardo, el ganadero de Fuente Ymbro.
El Cid debe comprar infinidad de billetes de lotería, tiene una suerte enorme. Ha sorteado a lo largo de su carrera infinidad de lotes muy potables. Ahí está para muestra el que abrió plaza, “Menudito”, que fue un toro de lío gordo. El diestro de Salteras estuvo más digno que en sus dos anteriores comparecencias, pero nunca a la altura de sus días gloriosos. Por momentos clavó las zapatillas en el albero y hasta completó bien los derechazos, no obstante toreó casi siempre para afuera. Mató bien, cosa que tanta falta le hizo unos años atrás y la gente pidió para él una oreja baratita que el torero agradeció de verdad.
En el segundo de su lote, Manuel Jesús volvió a las andadas. El toro tenía su faena y del Cid sólo puede decirse que estuvo aseadito y despegado, sin mandar jamás y sin completar un solo muletazo. O sea, todo normal.
Cayetano le hizo un quite colosal a “Menudito”. Lo comenzó con una larga cordobesa de pie y siguió con gaoneras. Ya en su primer toro siguió demostrando su amplio y envidiable repertorio capotero llevando al toro al caballo por tapatías. Luque hizo un quite por verónicas rematado con una media, y Cayetano replicó con espléndidas cordobinas y una media larga. Ya con esto el público había presenciado algo superior a lo acontecido en los tres días anteriores. La faena de muleta estuvo marcada por cierta abulia, tanto del cornúpeto (que así, en masculino, escribían la palabra los viejos revisteros) como del coleta.
Salió el quinto, que algunos criticaron por su discutible falta de trapío, pero creo recordar que hace apenas unos años ese tipo de burel era el tan cacareado toro de Sevilla. No sé, debo estar reparado de la vista y de la memoria…
Nada con el capote pues el bicho era débil y manseaba. Así las cosas, vino el momento de iniciar la faena de muleta, con el toro a sus anchas en los terrenos de los tendidos ocho y diez. Cayetano se sentó en el estribo junto a matadores para esperar al toro, no sabemos si en plan provocador o por haberse confundido bastante. Pasado este momento se fue a buscar al toro en su querencia de sol y engallándose le pegó una tanda de poderoso doblones por bajo, rodilla en tierra, que fueron quizá lo más emocionante y torero de toda la tarde.
En otro instante de ofuscación o de calculada chulería, el hijo de Paquirri se quitó las zapatillas antes de pegarle al encastado en manso la primera tanda de derechazos. Con una actitud y un arrojo envidiables, aguantando horrores, el torero se fajó y toreó con clase. Los pases de pecho fueron dignos de un cartel. Pinchó en lo alto y luego mató trasero, cosa que influyó para que sólo diera una merecidísima vuelta al ruedo.
Daniel Luque fue el triunfador del festejo. Salió al tercio en el primero de su lote tras una faena que tuvo altibajos, pero en la que estuvo valiente y elegante en los adornos finales. Destacaremos también que durante toda la tarde estuvo bien con el percal.
En el que cerró plaza, un manso parecido al quinto, se pegó un arrimón con momentos importantes por el pitón derecho y colosales pases de pecho. Lo mejor fue la estocada, volcándose sobre el morrillo para tumbar al toro de manera espectacular. Le fue concedida una oreja pedida por unanimidad.
En esta duodécima de la temporada sevillana quedó demostrado que el público quiere al Cid y que todavía le concede el beneficio de la duda; que Cayetano, haga lo que haga, tiene a la mitad de la plaza en contra; que Luque es un gran favorito de la afición hispalense, y que con que los toros den algo de juego, la gente sale conforme: todo normal, sin novedad.

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