27 noviembre, 2021

DESASOSIEGO, ZOZOBRA, DESESPERANZA.

En el mundillo taurino, por vasto, tienen cabida legión de tipos con sus personalidades y modos de hacer más que cuestionables. Gentes que no han sido casi nada, apenas un par de desangelados párrafos en las páginas del Cossío dan fe de sus efímeras carreras, pero que caminan por la vida con la altanería, la prepotencia y la chulería de la que no hacen gala ni las auténticas figuras.

En el mundillo taurino, por vasto, tienen cabida legión de tipos con sus personalidades y modos de hacer más que cuestionables. Gentes que no han sido casi nada, apenas un par de desangelados párrafos en las páginas del Cossío dan fe de sus efímeras carreras, pero que caminan por la vida con la altanería, la prepotencia y la chulería de la que no hacen gala ni las auténticas figuras.
Los hay que son graciosos y tienen un pase, siempre con la picaresca por bandera para ganarse el pan de cada día. Otros, en cambio, han vuelto la vista hacia el negocio de los cuernos como último recurso al que asirse después de desvanecerse mil y un proyectos. Y tienen más peligro que un elefante en una cacharrería.
Adolecen de un mínimo bagaje, de experiencia, no escuchan a nadie, no dialogan. Imponen, amenazan, hacen y deshacen a su antojo sin calibrar las consecuencias de sus arbitrarias decisiones, creyéndose en posesión de la verdad omnímoda. Y claro, los jóvenes y los hombres que dependen de sus caprichos, aspirantes y profesionales de esto, se reconcomen por dentro impotentes.
Las aguas bajan turbias y se presume un caos si nadie pone remedio.
Quien esté en su mano ha de tomar las riendas del problema para asegurar el futuro del toreo por estos lares. Mucho, más de una década, ha costado sentar las bases del centro docente y casi nada, apenas unos meses, cargárselas. El malestar es evidente.
Nadie está a gusto: los aspirantes desertan y a los profesionales se les ha borrado la sonrisa, sabedores que la espada de Damocles se acerca a sus cabezas. El ambiente está enrarecido, se palpa continuamente el desasosiego, la intranquilidad, la zozobra, la desesperanza. Yo mismo lo pude calibrar el fin de semana pasado.
No se trata de un hecho aislado, de un error puntual, sino de una manera de proceder sistemática a la que le auguro y le deseo menos futuro que a estas líneas que aquí acaban.

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