DESDE CASTELLÓN… NUEVAS CARAS PARA NUEVOS TIEMPOS.

En nuestra provincia, hablar de la Diputación Provincial es hablar de uno de los principales motores taurinos de nuestra provincia, ya que de su gestión dependen, entre otras cosas, la Escuela Taurina y los festejos de Beneficencia, dos de los pilares básicos de la temporada castellonense. Es, por tanto, de vital importancia para la fiesta en nuestra tierra que su máximo responsable sea, al menos, una persona sensible hacia el mundo de los toros. Afortunadamente, Javier Moliner, el nuevo Presidente Provincial, es mucho más que eso, es un excelente aficionado que llega con ideas muy claras sobre el papel que debe jugar la Escuela y la institución que preside en torno a la fiesta en nuestra provincia.
Su primera medida ha sido el nombramiento de José Pons, alcalde de Vilafamés, como diputado de la Escuela Taurina, lo que coloca al frente de este organismo a un reconocido aficionado, comprometido con la defensa y promoción del toro, tanto a nivel personal como institucional. Desde esta columna siempre hemos defendido la necesidad de aunar esfuerzos y buscar puntos de encuentro con los festejos tradicionales de nuestra tierra, una unión que puede aportar muchos beneficios a ambas modalidades y de la que todos saldríamos beneficiados y nadie mejor que Pons, experto en temas de toros de calle, para incidir en este aspecto.
La Escuela Taurina de Castellón ha jugado hasta la fecha un papel importantísimo a la hora de apoyar y promocionar a los jóvenes valores de nuestra tierra y debe seguir jugándolo como objetivo fundamental, pero a mi juicio no debe ser éste el único camino a seguir y junto a la promoción de sus alumnos también debería convertirse en la impulsora, o al menos activa colaboradora de los festejos menores que se celebren en la provincia, porque serán estos mismo festejos los que antes o después acartelen a esos alumnos que cada día entrenan en el coso de Pérez Galdós. La escuela debe convertirse en el garante de festivales tradicionales como Benasal o Alcora, colaborando con ellos en la medida de sus posibilidades; debe propiciar que una plaza como la de Villafranca, propiedad de Diputación Provincial, no termine la temporada “en blanco” y debe volcarse en que el resto de plazas provinciales, Oropesa, Onda y muy pronto Segorbe, acojan actuaciones de sus alumnos. La escuela no solo debe formar alumnos, también debe formar aficionados y la mejor forma es llevar el toreo hasta sus propias localidades.
Quiero pensar que no volverán a producirse situaciones tan difíciles de entender como la que relata en la última página de este número Alejandro Navarro. Parece ser que los responsables de la pasada Feria de Festejos Populares ofrecieron a la Escuela Taurina la posibilidad de que sus alumnos participaran en unas clases prácticas que cerraran esta feria, sin ningún coste económico y con vacas de Pedro Jovaní, de contrastada calidad, declinando el director de la escuela el ofrecimiento. No se entiende que la Escuela invierta importantes recursos en tentar vacas en varias ganaderías y rechace torearlas de forma gratuita sin salir de casa.
Hay que optimizar recursos, hay romper barreras con el toro de calle y esta era una ocasión inmejorable que se ha dejado perder. Una pena.

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