DESDE LUEGO QUE LOS MEDIOS ELECTRÓNICOS CARECEN DE LA SABROSURA DE LA CHARLA EN LA CHIMENEA DEL HOGAR.

ARRASTRE LENTO… Nunca como ahora los taurinos habíamos estado tan cerca de lo insospechadamente lejano y distante; ni habíamos recibido con la rapidez del rayo tal cantidad de información. No sé si sea un lujo o una dependencia el vivir rodeados de aparatos -tecnológicamente de vanguardia- que nos descubren con asombrosa inmediatez lo que ocurre el mundo del toreo.
Tomando en cuenta el acelerado ritmo de la época, en la que quedarse atrás significa subordinación, representa grandes beneficios para los que tienen tales medios a su alcance. Estamos en un nuevo amanecer. Y son muchos -¿miles?- de interesados en la Fiesta los que al arribo del nuevo día ignoran tácitamente lo que han dejado atrás.
Y es que, habiendo formado parte de la legión de los típicos receptores de lo que parecía irremediablemente lejano, me queda el agridulce sabor de haber dejado en el vacío el inmenso espacio en el cual se realizaba la transición romántica de la espera de las noticias de los acontecimientos a la formación de las leyendas. ¿No era esto un vagabundear en un terreno fantástico y nebuloso antes que a la hora precisa se impusiera la realidad?
Recuerdo que en mi infancia, cuando las noticias tardaban en rodar por los rincones pues su envoltura era grosera y tosca, en la espera, que a veces era vigilia, se multiplicaban las nubecillas, amontonamiento de interrogantes, –nieblas de fábulas- emplagadas de incertidumbre dando origen a una construcción de ideas, sentimientos y fantasías que, cuando se acumulaban, desataban torrenciales aguaceros que limpiaban, purificaban y abonaban los campos del alma de la inquieta mirada de los receptores. Les quedaban limpios los ojos para ver su propio mundo de ilusión.
Hoy es otra cosa. La vertiginosa prontitud y precisión de los medios ha causado el divorciado de los aires ansiosos de la zozobra y el romance de la inquietud, su consorte natural, que se volvía misterio.
Lo cierto es que, si bien en la práctica es de suma utilidad, en el mundo esencialmente poético, zurcidor de mitos y leyendas, la rapidez con la cual se recibe la información de los acontecimientos taurinos le quita un aire de romance al suceso.
La vida se cobra caro: desaparecen tan pronto como llegan.
Así las cosas, queda en el aire la pregunta: ¿dónde podrá proveerse el espíritu del toreo de la sabia del romance, de la fantasía, del misterio que se genera en la angustiosa modalidad de la tardanza informativa? ¡Cuánto sufrió el enamorado en la espera del sí de su amada! Y cuántas maravillas poéticas se han elaborado en el tormentoso suplicio de la respuesta deseada.
En fin, lo mejor es que deje en claro –por lo menos para mí en lo personal-, que siendo un romántico empedernido, mi visión del mundo del toreo moderno puede ser producto de una grave afectación individual: estoy inmerso en una densa niebla de ideas vagando en turismo de palabras soñadoras.
Al darle alcance fantásticamente rápido a las inquietudes e interrogantes que habiéndolas tenido en la niñez como infantil pasatiempo, y luego de haberse convertido en molde de juventud, siento haber perdido grandes espacios para los sueños y las fantasías que me han dado vida. Tal y como el niño ha dejado de soñar en el niño Dios que ya fue descubierto por la vulgar rapidez de la información.
arratrelento@gmail.com

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