24 julio, 2021

¿DÓNDE ANDARÁN LOS NOVILLEROS QUE ME QUITEN LA SENSACIÓN DE VOLAR CON LAS ALAS ROTAS?.

ARRASTRE LENTO… A mitad del camino, considerando que la del domingo próximo será la cuarta novillada de las ocho anunciadas para realizarse en la San Marcos, tengo la sensación de volar metafóricamente con las alas rotas.

ARRASTRE LENTO… A mitad del camino, considerando que la del domingo próximo será la cuarta novillada de las ocho anunciadas para realizarse en la San Marcos, tengo la sensación de volar metafóricamente con las alas rotas.
No miente el aficionado cuando afirma que sus deseos e ilusiones de tardes de glorioso encanto los prendió una llama que no ha podido convertirse en incendio. El ciclo de novilladas, habiendo dado inicio dentro de un marco con un colorido y animación excepcionales, fue como esas tormentas anunciadas que nunca llegan. Por fortuna aún se siente el calorcillo de una flama que, a punto de extinguirse, puede rehacerse en sí misma. Aún hay nubes en el cielo con posibilidades de obsequiar torrenciales aguaceros.
Por lo menos me ocurrió el domingo pasado: al declinar el sol, las sombras de la tarde se fueron alargando tomando vida silenciosa, dando pie a que el toldo negro de la noche torturara el embrujo de mis fantásticas expectativas de regocijo. Y lo que esperaba triunfal, fue decepción emocional. Con enfado los aficionados vimos cómo se escurría de la plaza el júbilo del triunfo.
¡Parece que vuelo metafóricamente con las alas rotas!
Y la verdad es que decepciona ver que los novilleros, acaso por falta de oportunidades en continuidad, salgan a los teatros de importancia, como la San Marcos, a interpretar papeles secundarios que con argumentos llenos de vaguedades tan únicamente les sirven para que en su tenebroso andar sólo dan tropiezos y descalabros. Así, ¡ni cómo volar! También los novilleros parecen tener las alas rotas.
Y si bien Gerardo Adame es el que de manera más espectacular ha reaccionado bravíamente cuando hubo necesidad de hacerse violencia en busca del triunfo, hoy es el único que flota como revisando trincheras desde las alturas oteando su futuro con inquietud. Los demás parecen no haber entendido, como lo ha hecho ya de matador de toros Juan Pablo Sánchez, la poderosa fuerza de los deseos enérgicos fuerte y tensamente sentidos. Cierto es que, aunque carente de otros recursos que le vendrán con el tiempo, Gerardo ha sido el que en el ruedo se ha mordido los labios para estarse quieto cuando el cuerpo tiembla de coraje por no estar a la altura de las expectativas creadas.
Vuelta a lo mismo. Han dado los novilleros la impresión de sucederles algo semejante a lo que a mí en estos momentos de espera: vuelan con las alas rotas.
Así las cosas, y aplaudiendo el empeño de la empresa por dar la temporada de novilladas, fermento que puesta al servicio de los torerillos con hambre e ilusión, servirá para que después del arranque le siga una labor tozonuda en busca del chaval que se convierta en el director de una comunidad acéfala de liderazgo.
¡Tengo la sensación de volar metafóricamente con las alas rotas! ¿Quién pudiera repararlas al vuelo? Los novilleros que conciban la vida no como una golosina, ni como un juguete y travesura, sino como el que experimenta en el ruedo la alegría y responsabilidad de una vida militante, con sus ideas cabales siempre al amparo de la dignidad de los ideales por convertirse en uno de los grandes de la tauromaquia mexicana.

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