24 julio, 2021

DOS OREJAS PARA JOSELITO, UNA PARA JUAN S. GARRIDO.

El serial taurómaco de San Marcos es para muchos una broma, un chiste que a la mayoría cae en gracia. Considerándolo así, ayer en la sexta función San Isidro se convirtió en la dehesa continuista de la mayoría de las risibles reses que al foro redondo de la Monumental han salido, y ordenó a sus vaqueros arrear seis toritos pequeños, cortitos y bajos de agujas, sin el trapío que merece una plaza del rango de la referida. Como nadie en el coso reclama sus derechos, más bien los ignora, siempre salta quien burle la buena fe de quienes pagan un boleto que, según los mismos consumidores, es de alto precio.

El serial taurómaco de San Marcos es para muchos una broma, un chiste que a la mayoría cae en gracia. Considerándolo así, ayer en la sexta función San Isidro se convirtió en la dehesa continuista de la mayoría de las risibles reses que al foro redondo de la Monumental han salido, y ordenó a sus vaqueros arrear seis toritos pequeños, cortitos y bajos de agujas, sin el trapío que merece una plaza del rango de la referida. Como nadie en el coso reclama sus derechos, más bien los ignora, siempre salta quien burle la buena fe de quienes pagan un boleto que, según los mismos consumidores, es de alto precio.
Teniendo una clientela que no llegó a ocupar la mitad de los escaños, Joselito Adame editó un nuevo éxito al cortar tres orejas. Como vasallo de la verdad firmaré que la segunda resultó exagerada y la tercera no fue totalmente para él, si no para el difunto chileno Juan S. Garrido, autor de “Pelea de Gallos”, pieza musical que exigió, en el peor momento del quehacer del joven, la alcaldesa y el gobernador, personas que nada son como autoridades en tratándose del interior del inmueble taurino y en el desarrollo del espectáculo. Aquello desconcentró a la mayoría de lo que estaba sucediendo en el ruedo y algo mejor y sustancioso taurinamente, tomó cuerpo de satirismo.
Fernando Ochoa, que cerró su paso insulso por la feria con palmas tibias, tiene en su armario ternos extraordinarios, del mayor ejemplo artístico de los sastres, y como tal, sale a cuidarlos. Sus intereses no están del todo dentro de los redondeles. Esto le pide sin remedio interponga una distancia prudente, toree intencionalmente expulsando al adversario y jamás responsabilizarse. Ello, lógicamente, produce acciones vánales. Dada la actitud, mal gastó la clase del animalillo. No le salió el plan al diestro por su mismo descuido –un par de agujeros en el vestido- y acabó pinchando y borrando los muletazos posteriores al susto, que aunque desunidos, mucho se los agradeció el noble público. Estoqueó admisiblemente y se le incentivó con sordos aplausos.
El cuarto traía pocas embestidas e idéntica cantidad de pases le pegó el coleta –No confundir con el torear-. Lo menos que pudo hacer fue volver a matar bien y así dijo adiós a otra serie aguascalentense.
En detalles y amagos de una explosión de su extenso arte, Alejandro Talavante imprimió la primera intervención. Lo tardo del torillo, que se ancló pronto, y los soplos de Eolo desvanecieron un mejor trasteo. No ha pasado este peninsular el examen con el estoque y ayer dejó transparente constancia de eso. Antes de taparse dividió las apreciaciones.
Las mejores verónicas en lo que va de feria quedaron ahí, como ecos de suspiros o gemidos del arte, incitantes y sutilmente enloquecedores. El empeño muletero lo entregó en pocos botones, sin embargo reventaron vivamente; en su belleza dada se concentró la profundidad del toreo. Fue penoso el uso que hizo del arma y aquel rumiante, que traía ventosas en la parte baja de las pezuñas, se fue entero al desolladero. Lo que pudo haber sido una oreja se declinó en sentida salida al tercio.
El ánimo del mundo se desembocó en viento, no obstante el de Joselito en responsabilidad exhibiendo una intervención capotera variada y completa, sosteniendo el entusiasmo abierto cubrió el segundo tercio vistosamente. Aprovechando la clase de la res, asentada más por el flanco siniestro, el aguascalentense compuso un trasteo de altibajos; los altos con mérito agregado según la intervención de Eolo. En atención a lo bueno ya reseñado y a la estupenda estocada cortó dos orejas excesivas.
Absorbiendo la conciencia de su triunfo anterior y de lo hecho por su alternante se amalgamó con el sexto recibiéndolo son lances formidables rodilla en arna. Completó a modo de chicuelinas, banderilleó entusiastamente y luego se topó con un bicorne encastado, que acometió con la testa abajo. Francamente la faena nunca rompió no obstante se hizo notorio el esfuerzo que hizo, reclamado por el ungulado. Aquello tuvo momentos interesantes y no precisamente me referiré al espadazo trasero, caído y un descabello pese a lo cual le ordenaron un auricular el cual lo mampuesta como uno de los triunfadores de esta serie que va en su parte media.

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