27 julio, 2021

EL ABURRIMIENTO Y SU ROSTRO TERRIBLE TAMBIÉN ES PARTE DEL ESPECTÁCULO DEL TOREO.

ARRASTRE LENTO… Aunque sea difícil precisarlo con la suficiente objetividad, es evidente que el concepto “afición” se entiende como amor al toreo. En eso parece que estamos de acuerdo. Los desacuerdos se avecinan cuando las voces afirman que el toreo tiene un rostro terrible: el aburrimiento.

ARRASTRE LENTO… Aunque sea difícil precisarlo con la suficiente objetividad, es evidente que el concepto “afición” se entiende como amor al toreo. En eso parece que estamos de acuerdo. Los desacuerdos se avecinan cuando las voces afirman que el toreo tiene un rostro terrible: el aburrimiento.
Cierto. El aburrimiento es una realidad desastrosa para el espectáculo. Lo cual establece que la animación es el pilar fundamental de la tauromaquia. ¿Cuándo entonces hablamos de aburrimiento? Cuando las acciones de los toreros, algunas fatigosas, no hacen más que desear a los espectadores y aficionados que los acontecimientos se apresuren en el ruedo para regresar a casa sin arrepentimientos, tal y como lo hace la noche con el día pues, a pesar de la rutina monótona, la noche nunca se arrepiente de haberle concedido gozosamente luz al día.
¿Generoso contraste? Así parece. Lo cierto es que el aburrimiento en el toreo, como la costumbre y la monotonía que de él emanan, son humildes facetas de una misma realidad. Hasta pudiera entenderse que son facetas de un mismo amor.
También es cierto es que hay de noches a noches. Hay noches para dormir, y hay noches… ¡ah!, esas noches. Esas noches en las que no hay maneras de aburrirse. Noches de enamorados, noches de recién casados, esas en las que, dándole vuelo a la hilacha, y sumidos en sus candentes menesteres, los que debieran dormir se dejan seducir por el misterio del manto nocturnal. Lo malo es que, parafraseando en sentido contrario a Joaquín Sabina, no “todas las noches son noches de bodas”, ni “todas las lunas son lunas de miel”.
Así el toreo. El domingo pasado, en la San Marcos, fue una tarde triunfal, y la de hoy puede ser totalmente contrastada. Aún así, también será parte de lo mismo. Por eso me gustaba la filosofía de mi abuelita, tierna viejecita que, atando cabos, y zurciendo retazos de fantasía, se resignaba a esperar el amanecer del siguiente día.
Por eso me emociona, y la respeto a la par, a la filosofía implícita del toreo: porque si el ahora se presenta opaco y nebuloso, el mañana significa el brillo de la ilusión.
Así las cosas, hoy, a las cinco de la tarde, ¡a la plaza! ¡a la plaza! Que ahí estarán los novilleros brillando al sol. Y como la afición local está vuelta loca con su nuevo ídolo, Gerardo Adame, pues habrá que ir a mirarle, a saludarlo, a sentirse orgullosos de su amistad.
Y albergo suposiciones lógicas. Supongo que al terminar la tarde la gente se retirará del coso arrastrando la alegría de los cascabeles del triunfo de este novillero que no deja sus ilusiones para las fantasías de la noche y los sueños. Adame parece tener los pies en la tierra convencido de que puede ser un torero que tarde a tarde, o bien noche a noche, se aproxima a la celebridad. ¡Que sí sea!

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