31 julio, 2021

EL APASIONAMIENTO PARTIDISTA –Y DE HECHO ASÍ LO ES- PARECE HABERSE FUGADO DE LOS COSOS Y DEL MEDIO.

ARRASTRE LENTO… No hay duda que en la vida, en perpetuo giro, todo cambia: cambios bruscos, o cambios leves, pero al fin de cuantas cambios. Y tan claramente lo que afirmo lo sabe el ser humano que, siendo respetada su esencia por la naturaleza, en el interior y exterior del bípedo se producen cambios certeramente indubitables.

ARRASTRE LENTO… No hay duda que en la vida, en perpetuo giro, todo cambia: cambios bruscos, o cambios leves, pero al fin de cuantas cambios. Y tan claramente lo que afirmo lo sabe el ser humano que, siendo respetada su esencia por la naturaleza, en el interior y exterior del bípedo se producen cambios certeramente indubitables.
Desde luego que en el toreo, impregnada su atmósfera por la impulsión de la esfera terrestre que sin descanso rota, también hay severas metamorfosis que, cual el giro incontrolado del viento, empuja a la barca a un caprichoso navegar en el agua de los mares, o en el vapor de la ilusión que, aunque en diferente forma, vapor y agua son lo mismo.
Un viejo conocido mío, campesino por herencia, -retirado caporal de Peñuelas- de esos tantos que la “revolución” mexicana nunca les hizo justicia (la que según él también cambia mas no el Dios que la inspira), viendo asombrado y jubiloso las maravillas de la maquinaria agrícola, en rústica exposición justificaba los hechos reconociendo que si las “montañas llanos fueron” ¡”con el traitor pa´qué quero los bueyes”!
Lo curioso del caso es que la Fiesta moderna en su textura romántica reclama que los cambios la despojen y desnuden dejándola sin adornos poéticos, toda vez que sin éstos se siente desprotegida, desamparada, luciendo diferente, como la mujer que al levantarse se la mira otra sin la mascarilla del maquillaje.
¡La “princesa” está triste! ¡La Fiesta se siente otra en estos tiempos!
¿Qué le falta?
El apasionamiento partidista que parece haberse fugado de los cosos y del medio. Por lo menos ese apasionamiento que, habiéndome tocado su parte final como herencia literaria, llevaba a los aficionados a los más absurdos extremos, promoviendo que la contagiosa locura se desparramara por todos lados.
Qué tiempos debieron haber sido aquellos en los que el ardimiento de la afición construía ídolos sobre la exaltación del ánimo, o bien sobre la caprichosa hipérbole de la razón contagiada. Así las cosas, en cierto sentido lamento no haber vivido, por ejemplo, la época en que los toreros –como Lagartijo y Frascuelo; Joselito y Belmonte; Armilla y Garza- obligaban a los aficionados partidistas a enfrascarse empeñosos en una batalla de amor propio en el que la dignidad reñía no tanto por el ídolo, sino por tener la razón.
Pues sí, -y que no suene cursi afirmarlo- ¡La princesa está triste! La Fiesta se siente otra en estos tiempos en los que a la tradición la borra cualquier llovizna de modernidad.
Y es que no hay duda que hoy la Fiesta es fecundada por otros aires. Para el caso me valgo, además de que me gustan, de los ejemplos: Don Arturo Muñoz “La Chicha”, amigo y peón de confianza de Rafael Rodríguez, con emocionada prosa contaba que al surgir tan violentamente el Volcán, ya estimado por sus partidarios, hoy llamados fans, como figura, tenía éste todos los días a su puerta diez coches con otros tantos poderosos esperando jalar con él para firmar contratos.
Así, entre delirante ansiedad los empresarios, y los aficionados, se disputaban la cercanía con la solemnidad de la figura que se estremecía ante el elogioso canto popular que alababa sus hazañas y proezas.
Hoy las cosas son distintas. Y aunque de los manantiales de la Fiestas siguen brotando provechosas aguas cristalinas –figuras y toreros importantes- la sed de la afición parece no calmarse.
arrastrelento@gmail.com

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