EL DOLOROSO PLACER DE VERSE RODEADO DE AMIGOS EN EL AMARGO TRANCE DE LA DESGRACIA.

José Caro

ARRASTRE LENTO… Se tiene por cierto que es en la enfermedad y en la desgracia –¡Dios nos libre de ellas!- donde se conoce a los amigos. Apegados a dicha fórmula de convivencia, convaleciente como se encuentra en Madrid luego del percance sufrido el domingo pasado, José Guadalupe Adame, de estar en su tierra, tendría que ordenar las visitas a su lecho de los amigos pendientes de su estado de salud.

ARRASTRE LENTO… Se tiene por cierto que es en la enfermedad y en la desgracia –¡Dios nos libre de ellas!- donde se conoce a los amigos. Apegados a dicha fórmula de convivencia, convaleciente como se encuentra en Madrid luego del percance sufrido el domingo pasado, José Guadalupe Adame, de estar en su tierra, tendría que ordenar las visitas a su lecho de los amigos pendientes de su estado de salud.
Por su estilo de vida y comportamiento profesional allá –en la península ibérica- también debe tener amistades que sumadas harán un bulto nada despreciable. Es más, hasta me aventuro a escribir que es la gran cantidad de amistades y taurinos –españoles- la que, mostrando su preocupación e interés por el diestro la que, pasando a saludarlo, se convierte en su mejor medicina.
Y en tanto el paisano se recupera para reaparecer con mayores bríos, en lo personal me siento partidario a tomar en cuanta a las evidencias indubitables: vamos, me siento inclinado a, escucharlas, a mirarlas y, si fuera el caso, a aprovechar de tales constancias como se aprovecha del sol la luz para ver los acontecimientos con mayor claridad.
Tenemos los taurinos una de esas evidencias ante los ojos: José Guadalupe Adame quiere ser figura. Queda claro. Su deseo, pero sobre todo su decisión, está a la vista de quien quiera mirarla.
Así las cosas, viendo la abrumadora entrega del paisano en los ruedos los aficionados mexicanos, muy en especial sus paisanos, están esperanzados en que, como natural e irreprimible recompensa al esfuerzo y dedicación, pronto culminará lo que de manera tan espectacular en sus inicios como becerrista inició consiguiendo el reconocimiento de la familia taurina de aquí y de allá.
Y es tal el derroche de energía y vitalidad de Adame que, muy lejos de argumentar con palabras y conceptos anacrónicos, pudiera en un momento dado revivirse en él la idea del heroísmo torero toda vez que, es bien sabido, el grado de heroísmo es directamente proporcional a la noble y generosa entrega a los ideales e ilusiones. Reforzando la idea, bien convendría recordar que en el toreo el heroísmo y el martirio van en paralelo.
Hoy, vencido más no derrotado por las circunstancias tan adversas, José vive su papel de mártir. Es el camino de los grandes: es cierto que nadie ha llegado a la cumbre sin andar sobre piedras y brazas encendidas. Lo cual deja en claro que los grandes héroes de la tauromaquia no se han forjado en la charla de amigos, ni en un ambiente de sobremesa, ni han sido jamás fruto de la superficialidad de los apoderados. Y si bien grandes toreros se han venido a menos por sus administradores, consejeros que, teniendo ojos de sueño y cachimba entre labios mentirosos, han adornado con frases ambiguas la imagen del torero dejándolo listo para el cliché de la revista aduladora y comprada, con Adame se tiene la impresión de haberse clarificado por fin el proyecto administrativo.
En suma: parece que, pese a las heridas y sacrificios que implica el recorrido a la gloria, al paisano le saben a ambrosía.
arrastrelento@gmail.com

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