EL FUNESTO ENTUSIASMO.

Lunes 2 de mayo del 2011. Novena corrida de abono, Sevilla, plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería.
Este festejo, con El Juli en el cartel, prometía grandes emociones y se daba por descontado que unos cuantos de los animales de El Ventorrillo embestirían. Pero, veníamos de asistir a dos corridas de toros milagrosas y era casi imposible que los dioses se mostraran tan generosos tan a menudo.
En resumidas cuentas, no pasó nada digno de contarse, salvo un ramillete raquítico de naturales importantes de Juli a su segundo; la porfía exagerada de Perera, su gran estocada al quinto, y ya.
En cambio, hubo aspectos negativos que merecen ser señalados. El respetable, generoso, entusiasta y optimista, aplaude cada vez con mayor frecuencia cosas verdaderamente anodinas y hasta lamentables.
Vamos a dar ejemplos. El Juli adolece de un grave defecto en su tauromaquia, y ese consiste en su manera de matar. Se ha convertido en un maestro consumado de la estocada con brinquito y a la media vuelta, del espadazo traserísimo y perpendicular. Eso o bien no lo percibe el público, o cree que así se debe matar a un toro, y por lo tanto vitorean los arteros julipiés. A Rafael Ortega, el gran torero y estoqueador sin parigual de la Isla de San Fernando, el contemplar este remedo de la suerte suprema le haría sentir vergüenza ajena.
Luque, de quien no podemos decir algo laudatorio, es un digno apóstol del tristemente célebre julipié, y a la hora buena se perfila a un kilómetro de la cuna, cuartea y asesta sartenazos con gran entusiasmo. Algunas de sus estocadas casi a paso de banderillas caen más cerca del hoyo de las agujas que otras, como ocurrió en el sexto toro, y entonces el nefando entusiasmo vuelve a provocar que se batan palmas inmerecidamente.
Daniel Luque también conoce lo valioso que puede ser para un torero el provocar un ataque de optimismo y anticipación en los tendidos y brindó el sexto a la concurrencia. ¿Cómo se le ocurre si el bicho era una raspa inválida? Pues así, para asegurarse la aprobación y el generoso aplauso del público sevillano que es más bueno que ninguno.
El optimismo, la generosidad y el entusiasmo son aun más evidentes cuando los picadores y los banderilleros se llevan carretadas de aplausos y hasta saludan por picar casi en la penca del rabo, por poner pares a toro pasado, etc.
Esta bíblica plaga del entusiasmo ya motivó un indulto en La Maestranza y cuando la gente pierda aun más el pudor y la cultura taurinos a favor de la chabacanería, se verán cosas peores. Vendrán tiempos en que, al igual que en México, el letal virus del entusiasmo hará que los villamelones (mayoría en cualquier plaza del orbe) exijan que los coletas les regalen al sobrero, al otro sobrero y hasta al reserva, como una bonita manera de hacer que la corrida enderece el rumbo y todas las tardes sean apoteóticas.

Deja un comentario