1 agosto, 2021

EL MISTERIOSO LADO OSCURO DE LA LUNA Y LA FASCINANTE NEGRURA DEL TOREO.

ARRASTRE LENTO… Contemplando lo que la naturaleza nos obsequió la noche del miércoles pasado, quedé convencido que hay asombros intrigantes. Y es que viendo los primores de la luna llena, me abrazó la curiosidad de saber si desde la tierra los humanos podremos algún día conocer el lado oscuro del platillo de plata que, como esfera brillante, despierta nuestra imaginación.

ARRASTRE LENTO… Contemplando lo que la naturaleza nos obsequió la noche del miércoles pasado, quedé convencido que hay asombros intrigantes. Y es que viendo los primores de la luna llena, me abrazó la curiosidad de saber si desde la tierra los humanos podremos algún día conocer el lado oscuro del platillo de plata que, como esfera brillante, despierta nuestra imaginación.
Contemplando lo que la naturaleza nos obsequió la noche del miércoles pasado, quedé convencido de que en el medio taurino hay curiosidades sin respuesta que, cual lado oscuro de la luna, parecen, dándose a desear, destinados a nunca ser conocidos. Son realidades que se han guardado en el baúl en el que nadie hurgará a través de la cerradura. ¡Y quedarán en el olvido!
Y es que, emocionado con la brillantez de la luna, resplandor de la cual mucho tiene de similar con el brillo de la Fiesta, me pregunté: ¿dónde está todo aquello que ya no es noticia taurina, dónde están los humores, dónde los ambientes, dónde las inspiraciones, dónde el romance? ¿Están acaso depositados en el lado oscuro de la luna?
No precisamente, ¡pero si están de lado invisible de la Fiesta!
Quien puede saber dónde están son los aficionados cultos, lo enterados. En ellos la cultura es sinónimo de información, pero no cualquier información. Está enriquecida con esos aires de poesía, con vientos de misterio. Por eso es que, convencidos de la utilidad de que la luna tenga su lado oscuro, y la Fiesta el suyo, le conceden un aliento motivador y estimulante, cual si fuera de romance, a la cultura.
Los aficionados cultos tienen la virtud de asociar a la cultura, la que guarda los rayos y vapores que, agotados, se refugiaron en el lado oscuro de la Fiesta, con un cierto grado de refinamiento, y hasta de gozosa abstracción.
Estos aficionados cultos están, o al menos procuran estarlo, al tanto de todo, y pronto son, experimentando la dulce caricia de la vanidad, tenidos por verdaderos conocedores. Para ellos no es un riesgo correr la memoria pues pueden pasear confiadamente por los senderos del pasado, y andar ufanos por el lado oscuro de la luna. Su discreción es mayor en virtud que la curiosidad poética –o científica- no necesita ver la realidad que se resguarda en el baúl de las zonas prohibidas.
Me queda claro que en la Fiesta hay tal cantidad de cosa que nuca deberán “salir del lado oscuro de la luna”.
Y hasta me da risa pues, si bien en ciertas circunstancias la curiosidad es mayor que la prudencia, ser culto en el toreo es una de las pocas suertes que necesariamente se hacen a toro pasado. No hay aficionado, por culto que sea, experto en abordar el futuro. La cultura taurina es obligadamente una referencia al pasado. No necesitan ver el lado oscuro de la luna.
Lo cierto es que la cultura taurina adormece en bibliotecas, en hemerotecas, en los rincones polvosos de memorias excitadas, en la palabra capaz de rescatar el pasado reviviéndolo en la inspiración de la charla. Y se reconcilia con los humores del sahumerio de la taberna y la cafetería.
Es, en definitiva, el lado oscuro de la cara bonita de los enamorados que dejarán de estarlo cuando vean la negrura de la luna. No entenderán que es el lado brillante en negro de su realidad luminosa.
arrastrelento@gmail.com

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