28 julio, 2021

EL RELICARIO DE PUEBLA: JUAN HUERTA ORTEGA UN AÑO DE OPORTUNIDAD.

Hace seis años cuando José María Arturo Huerta, hermano de Juan, amparado por el mal recordado Mario Marín, usurpó a la mala el derecho que no le correspondía de operar El Relicario de Puebla, en el momento que esta plaza contaba con el reconocimiento nacional e internacional, la tristeza invadió a la afición poblana.
La gestión de este mal taurino no pudo ser peor, destruyó lo que con esfuerzo se había logrado, puso en práctica las peores mañas taurinas y no aportó nada.

Hace seis años cuando José María Arturo Huerta, hermano de Juan, amparado por el mal recordado Mario Marín, usurpó a la mala el derecho que no le correspondía de operar El Relicario de Puebla, en el momento que esta plaza contaba con el reconocimiento nacional e internacional, la tristeza invadió a la afición poblana.
La gestión de este mal taurino no pudo ser peor, destruyó lo que con esfuerzo se había logrado, puso en práctica las peores mañas taurinas y no aportó nada.
Aquí cabe mencionar que cuando derrumbaron el Toreo de Puebla en 1974 y la ciudad se quedó sin plaza de toros, ninguno de los hermanos Huerta saltó a montar una plaza. Pasaron años en los que solamente en la feria, en plazas portátiles con empresarios igual de portátiles se tenían corridas de toros en la ciudad. Entonces ninguno de los Huerta Ortega hizo nada por la fiesta en Puebla.
José Ángel López Lima erigió El Relicario en 1988 y entonces Juan Huerta por medio de inserciones (que se decía eran pagadas) en un periódico local se dedicó a descalificar cuanto López Lima hacía y arrasaba con todo lo que tenía que ver con la plaza que él no construyó, refiriéndose sin respeto al trabajo de quienes si aportaban a la fiesta en Puebla.
A empellones y aprovechando la coyuntura, igual que el hermano, Juan Huerta Ortega hoy ha conseguido que le presten un año el coso, en condiciones impuestas por el gobierno del estado que por absurdas ningún empresario serio profesional le entró. Y entre maromas de neófito con la complicidad de algún funcionario, a la fecha ha presentado algunos festejos y a punta de palos de ciego está en el proceso de tirarle al violín y pegarle al violón.
El castañazo ya ni Dios lo quita y pues ya está. Huerta Ortega II tendrá un año para administrar únicamente lo taurino del coso, obedeciendo los lineamientos contra natura empresarial impuestos.
Si Juan entiende que lo que tiene en las manos es la oportunidad de hacer el bien a la fiesta y a Puebla, si antepone el cariño por esta actividad tan llena de virtudes a intereses miserables, pues venga, que haya suerte.
El año que entra hablamos.
…remato en los medios

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