29 julio, 2021

EL TRIUNFO ES TAN BREVE EN EL TOREO, Y LA RESPONSABILIDAD Y EL COMPROMISO TAN LARGO.

ARRSATRE LENTO… Cosas de la vida. Cuando Arturo Macías ligó sus incuestionables triunfos –de apoteosis algunos- en la plaza México, se volvió modelo y ejemplo. En tanto algunos de sus compañeros admirativamente lo imitaron repitiendo formas y actitudes asumidas por el hasta entonces desesperado diestro que luchaba por sacar la cabeza del montón, otros, sorprendidos por la intensidad luminosa de los rayos de luz que se desprendían de su ser decorando un estado de gracia bienaventurado, sintieron la necesidad de no claudicar. Fue el motivo por el cual, viendo lo que sus ojos miraban, se esforzaron en el ejercicio volitivo para seguir, como Arturo, tras el triunfo a como diera lugar.

ARRSATRE LENTO… Cosas de la vida. Cuando Arturo Macías ligó sus incuestionables triunfos –de apoteosis algunos- en la plaza México, se volvió modelo y ejemplo. En tanto algunos de sus compañeros admirativamente lo imitaron repitiendo formas y actitudes asumidas por el hasta entonces desesperado diestro que luchaba por sacar la cabeza del montón, otros, sorprendidos por la intensidad luminosa de los rayos de luz que se desprendían de su ser decorando un estado de gracia bienaventurado, sintieron la necesidad de no claudicar. Fue el motivo por el cual, viendo lo que sus ojos miraban, se esforzaron en el ejercicio volitivo para seguir, como Arturo, tras el triunfo a como diera lugar.
Cosas de la vida. Hoy, sin haber sido desplazado del todo el nombre de Arturo Macías, y luego de su celebrada actuación en Madrid, tienen mayor resonancia los de Arturo Saldívar y José Guadalupe Adame, el Joselito de Aguascalientes. Para nadie es un escándalo conceptual decir que las sendas actuaciones de los referidos diestros sean consideradas, desde cualquier punto de vista, como triunfales.
Y se puede decir que la pareja que confirmara su doctorado apenas la semana pasada ya son ejemplo y modelo toda vez que el medio los observa levantar alegres y victoriosos el fruto de su cosecha. Así es el triunfo.
Cosas de la vida. Cuando un torero vive extasiado en la borrachera del aplauso -¡y es tan breve su gozo!- no sabe que le espera la mortificante cruda de la soledad desquiciante.
Cosas de la vida. Cuando el torero triunfa en las plazas de primera categoría lleva tras de sí tal cantidad de adoradores que la ensordecedora aclamación de sus voces le impide escuchar el cariñoso y sereno encanto de la prudencia. Su estela, siendo brillante y cautivadora, es a la vez la envidia de otros toreros.
Cosas de la vida. Cuando el torero, azuzado por la cizaña impura del envilecimiento no logra recuperar el sitio que le arrebató la embriaguez emocional del éxito, deja una patética estela de lástima. Sucede que, al haber gozado sin medida del triunfo, el exceso le impidió volver los pies al camino del esfuerzo, la brega, la responsabilidad, y, desviado del sendero, borrado en la maleza de los instintos primitivos, sufre los siniestros efectos de la enfermedad que no tiene sanación sin sacrificio.
Tal vez pueda creerlo el “caro” lector: conozco a muchos toreros que, habiendo difundido en los aires los amenos esplendores que sus radiaciones de éxito se lo permitían, perdieron el mando en el timón de su barca luego de entregarse al báquico festín del triunfo. ¡Y fue tan breve su gozo! ¡Y tan larga la cruda de su soledad desquiciante!
De ahí que, como lección de vida me queda claro, los toreros pudieran -¿o es que debieran?- saber que el triunfo no puede celebrarse con cantos y danzas que se insubordinen al orden de la mesura.
Lo cierto es que en el toreo hay valores escalonados que, por tradición y humildad, conciencia y cultura, deben ser respetados.
Y me queda claro que sólo los genios verdaderos pueden trastocar ese orden preestablecido.
arrastrelento@gmail.com

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