EL VASO MEDIO VACÍO O LA FAENA SÍ, EL INDULTO NO.

La faena de José Mari al segundo de la tarde no la olvidaremos jamás, punto. Fue de una grandeza y de una elegancia cumbres. Alguien decía que ni toreando de salón se logran cosas tan bellas muleta en mano. Yo diría más bien que no se puede llegar a esos niveles de profundidad y de estética ni toreando como creemos que toreamos los aficionados con las toallas, las perchas y las servilletas.
Lo del indulto es ya otra cosa. El ya legendario toro “Arrojado” de Núñez del Cuvillo estuvo justito de todo menos de nobleza, cosa a la que sólo una delgada línea separa de la bobería. La faena la hizo el torero con alguna pequeña ayuda de su amigo el cornúpeta. Que quede bien claro, el toro ni era bravísimo ni mucho menos de bandera. Pero así como hay temporadas de patos y de liebres, esta es la temporada de indultos y Sevilla no puede quedarse atrás.
Además, para mi gusto, las obras más memorables de la historia de la tauromaquia son las que se coronan con una estocada hasta los gavilanes. Personalmente, cuando vi que la faena de Manzanares estaba pasando al terreno de lo nunca visto, me ilusioné pensando que iba a matar recibiendo y que el toro rodaría sin puntilla. Bueno, ni modo hasta los milagros tienen un límite.

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