5 agosto, 2021

EN TONO DE TRIUNFO ABRE GERARDO ADAME.

Detalles de Frausto y claro fracaso de Didier.
Abrió en modos espléndidos la campaña de novilladas en el añoso foro taurino San Marcos, primero porque la totalidad de sus escaños se ocuparon por un público sediento de disfrutar la fiesta brava y segundo porque hubo un triunfador cabal: Gerardo Adame, quien como corona de la tarde salió en hombros por debajo del arco del túnel de cuadrillas después de haber desorejado al segundo de su lote.

Detalles de Frausto y claro fracaso de Didier.
Abrió en modos espléndidos la campaña de novilladas en el añoso foro taurino San Marcos, primero porque la totalidad de sus escaños se ocuparon por un público sediento de disfrutar la fiesta brava y segundo porque hubo un triunfador cabal: Gerardo Adame, quien como corona de la tarde salió en hombros por debajo del arco del túnel de cuadrillas después de haber desorejado al segundo de su lote.
Ricardo Frausto, en su espacio, se presentó ante los aguascalentenses, sus paisanos y estuvo a punto de no llenar el espacio de las expectativas que le precedieron para esta novillada, de no ser porque con el segundo, un bovino ciertamente duro, se desnudó con deseos, obstinación y determinación en busca de quedar bien. No cortó apéndices pero fue aplaudido y aceptado.
Lamentablemente quien fracasó claramente fue Jorge Didier. No solo de voluntad vive el torero… la fiesta exige más, mucho más, algo que el joven no tiene: cabeza torera y facultades para asimilar y desarrollar la técnica. Salió el tercio en su primero pero fue pitado en su segundo. Para dar motivo a la función la dehesa de Real de Saltillo desembarcó un encierro compuesto por seis ejemplares, de ellos fueron la mayoría finos, con belleza en sus hechuras y equilibrados en morfología. En varas cumplieron dos, otro bravuconeó, uno más recargó y dos huyeron al sentir los filos. Sin embargo en juego general fueron soltados tres buenos de verdad, tercero, cuarto y quinto. Abrieron el vértice para hacer faenas trascendentes, aunque éstas no hayan aparecido en consonancia. Por esto el cuarto y quinto se arrastraron al desolladero entre las palmas sentidas de los aficionados.
Gerardo Adame sin con el capote no pudo desmenuzar la mala desenvoltura del primer antagonista, solo llevarse un revolcón, desplegó la sarga y la usó mostrando mando con gracia; la mayor parte de las embestidas malditas, con la testa en el cielo, las fue absorbiendo tanta a tanda, todo basado en el aguante y el esfuerzo. Había peligro y lo percibió el público. Concluyó con un pinchazo hondo y estocada caída, tendida para ser ricamente ovacionado en el tercio.
Más lucida, de mayor quietud y mando resultó su intervención capoteril al recibir al cuarto. Pero mejor, creciente y en embriaguez interpretó el arte de torear con la muleta. El novillo no embestía, acariciaba apenas y con caricias le correspondió el joven. Su trasteo fue variado, en aroma de tranquilidad, paladeando el temple y la extensión de los pases. Como matara de una estocada que si algo caída y delantera, efectiva empuñó las dos orejas.
Jorge Didier se abrió de capa con la velocidad de un vendaval. Tal chicuelina rescatable dejó en el tercio. Ni hablar del episodio muletero; sus descoordinaciones técnicas y hasta las del aparato locomotor, intercalados instantes de relumbrón, invadieron el foro circular. Cierto, fácil no fue el utrero. Así mantuvo a la afición: entre la angustia y la risa. Mató de un golletazo pese a lo que saludó en el tercio.
Aquel quinto, ¡Qué bueno fue! Mostrada quedó su fijeza, recorrido y clase, virtudes que la mayoría no apreciaron en su real magnitud por el destanteado y pésimo trabajo del presunto novillero. Una pena. Con los aceros ratificó su desastre y hasta oyó un aviso acompañado con el repudio del respetable.
Exhibiéndose a manera de aceptables verónicas se presentó Ricardo Frausto ante los coterráneos. Mejoró después con las gaoneras y armó la sarga viéndose un joven de buena planta, empaque y buen gusto pero verde y por ello desnivelándose ante un ejemplar de mayor potencial: fijo, noble, con recorrido y clase, así cuando embestía sobre el flanco siniestro como por el diestro. Frausto mató lo con media espada delantera y caída y varios descabellos para ser aplaudido en el tercio.
Las embestidas del que cerró la tarde eran fuertes y complejas; el novillero, ante eso, se puso voluntarioso, deseoso de triunfar. Cierto error técnico le granjeó una horrenda voltereta, de la que regresó enseñando redaños a la cara su agresor para realizarle un trasteo plausible. La posible oreja se le perdió por haber estado a la mar de mal con las armas, en cambio fue aplaudido.

Deja un comentario