29 julio, 2021

EN VOCES NO RIMADAS EL LENGUAJE DEL TAURINO SE CONVIERTE EN QUEJA.

ARRASTRE LENTO… ¡Pocas palabras, y el sermón acaba!
Desde el púlpito virtual –templo de la ilusión-, con palabra áspera y ronca quiero callar a las voces y conciencias de los taurinos –irónico que sean los propios taurinos lo que se esmeren en hacerlo- que tan mal hablan de la Fiesta de toros mexicana.

ARRASTRE LENTO… ¡Pocas palabras, y el sermón acaba!
Desde el púlpito virtual –templo de la ilusión-, con palabra áspera y ronca quiero callar a las voces y conciencias de los taurinos –irónico que sean los propios taurinos lo que se esmeren en hacerlo- que tan mal hablan de la Fiesta de toros mexicana.
Cuando se habla del tópico al que quiero referirme el taurino hace como que quiere hablar, pero finalmente enmudece. Su lenguaje mudo, menguado de brío, se convierte en queja.
No es que el viento en veloz movimiento impida ver con claridad la luz de la Fiesta de toros mexicana. En todo caso pareciera que su brillo se destiñe entre el vapor opaco y condensado del sol en suspenso.
Cierto: en el horizonte no hay sino chispas fugadas que despiden los jóvenes toreros con aspiraciones a convertirse en luceros. Cierto: a ellos los secunda un claro propósito de llegar a la cima, pero de momento no podemos decir que lo hayan logrado. Su ascenso, a ritmo de paso tardo, es lento y fatigoso.
En concreto, de momento México carece de las llamadas “figuras” –en plural, pues El Zotoluco y Ortega, únicos diestros que tienen sobrepuesta la corona que a ellas corresponde, no bastan para satisfacer el voraz apetito de una comunidad hambrienta de luminarias- que inyecten animación y vitalidad al espectáculo. Y por mucho que desde el púlpito de la prensa se vocea el brillo y la riqueza de nuestra baraja, siguen faltando los ases cuya grandeza se integre con la luz fluyente de las verdaderas figuras que trinan resplandores.
Mis ojos no son el paraíso –pues cruel es la realidad que miran-, pero tampoco son el infierno. Empero veo que está listo el escenario para que irrumpa el pelotón de guerreros que, encabezados por chavales de Aguascalientes, se ha adueñado de las virtudes de los grandes conquistadores: corazón, aptitud, actitud, disposición, inteligencia, sentimiento y valor.
Hablando de ellos el lenguaje pierde su acento de queja trocándose en jubiloso ¡aleluya! ¡Cuántas alegrías nos esperan con Juan Pablo Sánchez, José Guadalupe Adame, Sergio Flores, Diego Silveti, Arturo Saldívar, y los demás muchachos que en el verso de su ardiente prosa vienen rimando poesía!
Y me da gusto saber de ellos pues serán los que callen las voces dolientes de los necios augurios. Estoy en lo cierto si adivino –la más firme conciencia me asegura- que de su propia luz aparecerá el ave altanera que, cual orgullosa águila mexicana, esa que se convirtió en símbolo patrio posada sobre el nopal, nos vuelva a representar en el universo del toreo y la Fiesta.
Y con sus alas desplegadas su bella imagen trascenderá el goce de las fantasías estampadas en liberados colores de la más genuina policromía –creación- mexicana. Y el rumor dejará de ser queja, y las flamígeras lenguas ¿viperinas? dejarán de darle al paisaje el timbre lastimero que hoy mueve a compasión. Renacerá la alegría. ¡Aleluya!
Y esas lenguas, a cuyos dueños sofoca la ira y la pasión, se morderán enojosas dándoles vergüenza el mundo de tinieblas en el que acostumbran vivir.
Los fulgores de la Fiesta hacen hablar al esplendor del lenguaje torero: “¡Paso libre señores, que ahí vienen las nuevas figuras del toreo mexicanas!”
arrastrelento@gmail.com

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