23 julio, 2021

¡ENHORABUENA TOREROS, QUE HAN SIDO HONRADOS PERPETUANDO LA IMAGEN DEL “MALETILLA”!

ARRASTRE LENTO… No son pocas las mentes que estiman que el toreo, siendo un ejercicio verdaderamente alucinante, sobrepasa la dimensiòn de lo normal al grado de parecer que está por encima de la prudencia y cordura del hombre. Inclusive habrà quien afirme categórico que las aptitudes que requiere un practicante del oficio son de carácter sobrehumano.

ARRASTRE LENTO… No son pocas las mentes que estiman que el toreo, siendo un ejercicio verdaderamente alucinante, sobrepasa la dimensiòn de lo normal al grado de parecer que está por encima de la prudencia y cordura del hombre. Inclusive habrà quien afirme categórico que las aptitudes que requiere un practicante del oficio son de carácter sobrehumano.
Las disparatadas versiones de los que sopesan y evalúan los síntomas exhibidos por quienes padecen la inclinación al toreo llegan a tal grado que, en su extremo polar, diagnostican la presencia de una enfermedad llamada locura.
¿Se podrá poner en tela de juicio la teorìa especulativa que sentencia que el toreo se genera, se explica y se entiende a través de un código tan exclusivo que sus valores extremos oscilan entre la locura y el éxtasis? Coloquialmente se dice que al universo del toreo solamente acuden los que saben traducir a su propio idioma el lenguaje de la locura. Lo cierto es que en el cosmos del toreo, acaso como en ningún otro, se transcribe la excitante partitura musical de las emociones más encontradas que la imaginación pueda concebir.
Y es que en ese maravilloso mundo se funden con inusitado vigor la pena y la alegrìa, y se combinan tan sutilmente en un sortilegio tal que la alegría se hace dolorosa soledad, y la pena se torna exquisita miel toda vez que es el dolor el rayo de luz que reconcilia al torero con la vida colmándolo de honores emblemáticos muy propios de los dioses de la mitología. Como dijera mi compadre, el toreo es cosa de locos.
Si bien es cierto que el toreo como profesión es algo difícil de comprender, y más aún de abrazar, no por ello me parece propio trasladar dicha manifestación tan humana al plano de lo enajenante. Hacerlo asì me da la impresiòn de ser una deslealtad a la misma condición del hombre.
Si –en definitiva- para muchos el toreo es una cosa de locos, lo cual establece que el torero lo es. ¿Por què honrarlos entonces?
Ante los hechos me siento conmovido. En verdad me conmueve el noble gesto de las autoridades municipales al perpetuar en bronce la imagen del loco más loco del universo según la lógica de los que no se atreven a volar por falta de paracaídas.
¡Qué lindo gesto honrar al “maletilla”! Ese contrahecho y desfigurado por la pobreza; ese que, con el estómago vacío, llenò su espíritu de los sueños que le dieron fama y fortuna; ese que mereciendo el más agudo descrédito social, llegó a convertirse, gracias a su locura, en ídolo, en señor, en gran rey.
¿Por qué honrar a un loco quijotesco que, como lección de vida, deja para la posteridad el ejemplo de los sueños?
Algo tiene de paradójico la exitencia del “maletilla”, un personaje que ya es historia, es leyenda, un ser anacrónico que, pese a cualquier cosa, deja en claro que el toreo, visto y alcanzado por la intensidad de los sueños e ilusiones, es una actividad tan humana que, para realizarla con virtuosismo y entendimiento, se requiere del sustento de las cualidades -¿cosa de locos?- que dan categría superior a cualquier proyecto que se perfile hacia los confines del arte, del misterio, de la magia, del espíritu.
Así las cosas, y viendo la imagen perpetuada del “maletilla”, llego a comprender cuanto bien la hace en la vida la locura a la cordura.¿El toreo es cosa de locos? ¿Son locos los toreros?
Gracias a quienes se les ocurrió la genial idea de honrar la locura del “maletilla” en el jardín de San Marcos.

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