5 agosto, 2021

¿ES ACASO LA INSATISFACCIÓN DE LOS ESPECTADORES UNA FORMA DE DESORDEN?.

ARRASTRE LENTO… Coinciden la gran mayoría de los aficionados que unos de los enemigos naturales de las funciones taurinas son el tedio, la insatisfacción y el vacío que dejan las funciones en el ánimo de los espectadores.

ARRASTRE LENTO… Coinciden la gran mayoría de los aficionados que unos de los enemigos naturales de las funciones taurinas son el tedio, la insatisfacción y el vacío que dejan las funciones en el ánimo de los espectadores.
El contraste es notable: tan sólo basta con mirar a los parroquianos que llegan a la plaza llenos de esperanza, de animación, de aliento, de un sano optimismo, y si son partidarios de algún torero en especial hasta con ilusión acuden al coso, y verlos cuando abandonan el circo una vez que fueron sorprendidos por el aburrimiento.
No puedo contradecir a quienes afirman que la expectación, la agitación, y hasta la adivinación, forman parte de la coreografía formal de la Fiesta.
¡Cuántos baños me he dado en el vaporoso deleite de los chorros de animación de las cálidas tardes de toros!
Pero como sucede con las manifestaciones que trascienden los estados emocionales, cuando la alegría es tan deseada, y ésta no llega, se vuelven penas que, bañadas en lágrimas, dejan tan hondo vacío que pareciera que el mar se hubiera evaporado.
Lo curios del caso es que el vacío, el aburrimiento y la poca alegría son elementos incorporados a la naturaleza de la Fiesta. Siempre han estado presentes, y aunque nadie los desea, están detrás de las mejores sonrisas. Así es el toreo como espectáculo: a veces brinda rosas, y a veces concede espinas, y a veces ni unas ni otras. Es cuando la insatisfacción se adueña del escenario, y es cuando entumece los corazones.
Cierto: la insatisfacción, el tedio, y el aburrimiento son estados emocionales que, como resultado de una expectativa, son aborrecibles. Pero también es cierto que el toreo sólo puede mirarse de una manera personalizada, y siendo uno, tiene tantas caras como observadores tenga. De ahì que parezca normal que los concurrentes a las funciones taurinas vayan con la idea de asistir a una fiesta, a una sesión de emociones festivas tan notables que la línea conservadora no contribuye mayormente al agradecimiento de la parroquia. Las diversión, quiérase o no, es parte vital del espectáculo.
Y lo digo así porque al verdadero taurófilo los arranques y arrebatos emocionales que emanan del ruedo le pueden hacer lo que el viento a Juárez toda vez que para él -el taurino- existen otros satisfactores que proporciona deleite y construcción personal.
Y lo digo porque, si bien no aliento sospechas que así vaya a suceder, bien pudiera darse el caso que las grandes expectativas se vuelvan grandes decepciones. Ya lo vivimos apenas el domingo cuando las cosas no le rodaron a Arturo Macías. El repudio colectivo, expresado en burdas manifestaciones sonoras, en realidad no representaban un odio terminal hacia el diestro, empero hablaban de un repudio a las circunstancias que, contra la voluntad popular, se pintaron de otro color.
Y si las cosas vuelven a repetirse, no es para odiar al toreo, sino para cuestionar la realidad que las conforma: ¿mansedumbre de los toros?, ¿desidia de los toreros?, accidentes impredecibles? Lo cierto es que la Fiesta, siendo Fiesta, tiene grandes espacios en los cuales simplemente no es autor regulable, y no por ello vamos a despreciar a nadie que no sea a la misma insatisfacción.

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