24 julio, 2021

ESPAÑA, TAN CERCA DEL CORAZÓN DE LOS TOREROS MEXICANOS Y TAN LEJOS DE SU REALIDAD.

ARRASTRE LENTO… Bajo el albergue de una mente “normal”, como fiel compañera de las ilusiones, mora la idea de conquistar España. Es el sueño de los toreros mexicanos. Y el que no lo logra, al no trascender, no pasa de sumarse al triste agrupamiento que camina como busto sin cabeza. Nadie los identifica, ni les llama por su nombre.

ARRASTRE LENTO… Bajo el albergue de una mente “normal”, como fiel compañera de las ilusiones, mora la idea de conquistar España. Es el sueño de los toreros mexicanos. Y el que no lo logra, al no trascender, no pasa de sumarse al triste agrupamiento que camina como busto sin cabeza. Nadie los identifica, ni les llama por su nombre.
Y pese a cualquier conquista obtenida en México, inclusive siendo el capitán del pelotón, las consideradas figuras aztecas también ofrendan el pecho para andar por la doliente vía extrajera que conduce a la gloria universal. A los mexicanos, inclusive a los gloriosos en su tierra, les anima fervientemente la idea de no dejar inconclusa su reputación retirándose sin haber merecido los elogios y la admiración de la afición española.
Por eso el medio mexicano tiene los ojos puestos en la iberia taurina.
Porque lo que en ella se cultiva trasciende. Como trasciende la fama de las modelos cuando seducen y se dejar querer en la pasarela. Lo vemos en casos concretos: cuando el toreo mexicano triunfa allá, pareciera que el sol los iluminara cuando aquí de noche era. No dejan los taurinos mexicanos de hablar y hablar de Arturo Saldívar, de José Guadalupe Adama, de Juan Pablo Sánchez, de Sergio Flores y de Diego Silveti. Cuando el rayo de la información rasga la noche, iluminadas brillan los rostros de estos toreros que, por estar triunfando en España, han visto aumentar el capital de su fama y prestigio. El sol los mira de frente.
Así ha sido por costumbre: cuando los mexicanos tienen éxito en los ruedos de España, a su frente los triunfos le dan un resplandor diferente. Saben –y cuánto lo gozan- que subió la plusvalía de su prestigio, y que su cotización en el mercado mexicano se ha elevado de costo.
En caso contrario –no triunfar fuerte allá- también tiene consecuencias. Recuerdo el caso de un ¡señor! torero mexicano, triunfador al grado de ser evaluado como figura, luego de no alcanzar su objetivo –triunfar- en Madrid, con el vestido de torear en las manos tomó raudo el avión de regreso a su tierra sin dar explicaciones ni allá ni acá. Cuando en los noticieros de televisión vi descender del avión que lo trajo de regreso a Mariano Ramos, que es el torero al que me refiero, y luego de escuchar sus declaraciones, las que hizo seguramente sintiéndose tan contrariado como lo estaría el diablo de vacaciones en el cielo, me dio la impresión de ver caer una piedra desplomada que arrasaba con el inmenso prestigio del diestro. Me parecía ver un alma herida girando en la pendiente del monte rodando al ocaso de su carrera en recta vía. Después ya nada fue igual.
Dicen los toreros mexicanos que cuando han ido a España entre sueños llevan en su alma clavada la convicción de que van a la guerra, pero que van con tanto ánimo que al subir al avión han visto el letrero virtual que contenía la lección que en sus palabras encerraba: ¡torero, subid esta escalera, que es la más suave del conflicto! Sabían que al vencedor clemente el gozo espera. ¡Brisa de gloria! Tal y como corresponde a los aires triunfalista de los grandes conquistadores.
Ni qué más decir: así es España. Medio y fin. Objetivo y sueño de los toreros mexicanos.
Así es: a los toreros mexicanos España la esperanza augura.
arrastrelento@gmail.com

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