28 julio, 2021

ESTUDIANTES NORTEAMERICANOS VISITAN A UN TORERO EN MARYLAND.

Hace varios meses la profesora de español Elisa Carter, del Freedom High School de South Riding, Virginia, se puso en comunicación conmigo y me informó que estaba enseñando un curso avanzado de español, y que uno de las actividades del programa era leer y analizar la clásica novela SANGRE Y ARENA de Blasco Ibáñez, cuyo tema es el toreo.

Hace varios meses la profesora de español Elisa Carter, del Freedom High School de South Riding, Virginia, se puso en comunicación conmigo y me informó que estaba enseñando un curso avanzado de español, y que uno de las actividades del programa era leer y analizar la clásica novela SANGRE Y ARENA de Blasco Ibáñez, cuyo tema es el toreo.
La señora Carter, quien es una buena aficionada a la Fiesta Brava y ha vivido mucho tiempo en España durante su juventud, me dejó saber que sus estudiantes habían desarrollado una curiosidad sobre el tema taurino y que, si fuera posible le gustaría que sus alumnos pudieran “conocer y dialogar con un verdadero torero”, y el caso que yo aceptara, ella organizaría un viaje a mi residencia a final del curso con el permiso de los administradores del colegio. Aclaro que la profesora supo de mi existencia a través de un artículo publicado en una revista en inglés, en el cual aparecían fotos de la exposición de mis recuerdos que tenemos en un salón de la casa.
Con la venia de mi esposa Sally, quien incluso ofreció preparar unos refrescos, incluyendo el típico flan español, para el grupo, llamé a la señora Carter para decirle que accedía a su solicitud, y quedamos en que la visita sería el 1 de junio, unos días antes del fin del curso.
En la fecha indicada, después de un par de horas de viaje, el selecto grupo de estudiantes y la profesora se presentaron en casa a eso de las once de la mañana, donde estuvieron hasta cerca de la dos de la tarde. Durante esas horas nos envolvimos en varías actividades taurinas, algunas de ellas espontáneas, que hicieron que, gracias a la participación y a la curiosidad inquisitiva de los estudiantes, el tiempo volara.
Después de recibirlos y conocernos, pasamos al salón en donde tengo expuestos algunos de mis recuerdos taurinos, como fotos, carteles, mi último vestido de luces, un capote de paseo y la cabeza embalsamada del toro de mi alternativa. Primero les hablé del toreo en general contestando preguntas, y luego hicimos un repaso de los objetos expuestos en el salón, informándoles sobre los detalles pertinentes a ellos. Concluí esa primera parte de la presentación, regalándoles a los estudiantes carteles y revistas de toros.
Después de almorzar, les enseñé a los jóvenes el capote y la muleta, dándoles algunas ideas de cómo se manejan. Curiosamente, les sorprendió el peso de los trastos y se admiraban de la aparente facilidad con que los toreros los manejamos como si fueran de pluma. Finalmente, salimos al jardín para torear de salón, y uno a uno les ayudé a ‘torear’ el carrito, el que yo manejaba como si el aparato fuera un toro de suprema nobleza.
El tiempo llegó de despedirnos y era obvio que todos, incluyendo la profesora Carter, habían disfrutado con esta rara experiencia taurina que tomó lugar en un rincón de Maryland, muy alejado del mundo del toro.
Unos días después, recibimos sentidas notas de agradecimiento como, por ejemplo, la que nos envió la profesora Carter, parte de cuyo texto cito a continuación:
Miles de gracias por todo lo que hicisteis por nosotros. Fue una experiencia inolvidable. A los estudiantes les gustó muchísimo y siguen hablando de todo lo que vieron e hicieron…
Ahora bien, esta visita no solamente fue interesante para nuestros invitados, sino que para mí lo fue también, pues me hizo darme cuenta que, gracias a la buena novela del gran eescritor valenciano Blasco Ibáñez y a la ocurrencia de una buena profesora de traer a sus alumnos a nuestra residencia, tuve ocasión de informar, sin predicar, sobre el toreo a un grupo de interesantes e inteligentes jóvenes que, con una mente abierta, oían mis explicaciones, que obviamente contrastan con las opiniones antitaurinas que hoy se propagan a doquier.
Debo de confesar que al principio no estaba muy dispuesto a envolverme en este tipo de actividad pero, después de la experiencia, siento que una manera de presentar la grandeza del toreo y rebatir las negativas opiniones que circulan sobre el tema, sería que los toreros y taurinos organizaran en sus respectivos países novedosos eventos informativos dirigidos a la juventud.

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