1 agosto, 2021

FRAUSTO, LO MENOS MALO: UNA OREJA.

Una revoltura fue la que en ganado dedicó para Aguascalientes la dehesa de Marrón. Por el portón de toriles uno a uno fueron apareciendo reses hasta formar un encierro diverso en tipo, juego y cuajo. Hubo tres recogidos de caja, chicos, vamos, y tres rematados. Algunos de escasa belleza y otros de hermosa, como el quinto.

Una revoltura fue la que en ganado dedicó para Aguascalientes la dehesa de Marrón. Por el portón de toriles uno a uno fueron apareciendo reses hasta formar un encierro diverso en tipo, juego y cuajo. Hubo tres recogidos de caja, chicos, vamos, y tres rematados. Algunos de escasa belleza y otros de hermosa, como el quinto.
La lidia que ofrecieron se marcó dentro del círculo de lo que en jerga taurina se designa bajo la oración de “se dejaron”, destacando los jugados en tercero y cuarto lugares al grado de que cuando sus despojos eran arrastrados por la ruta del desolladero, los aficionados les brindaron el halago de los aplausos.
¿Qué consideraciones tenerle a un niño al que le han obligado invadir un rango ilegítimo? Incapaz de hacer desembocar la dinámica natural del toreo, según su edad biológica, se mantuvo en el redondel ocupando espacio y tiempo en los que se acentuó el fantasma de la intrascendencia y se tapó en silencio después de que a su adversario le matara de un espadazo tendido.
Hay una angustia encerrada que encuentra vértice de escape en su rostro. Al niño se le nota descolorido y en algo sufriendo. En ese estado anímico interpretó un quite aceptable al modo de “Chicuelo”. En el curso de la lidia tomó muleta para, afortunadamente hallarse a un novillo potable, de buen juego al que apenas le hizo detalles, siempre aprovechando el viaje y nunca toreando. El púberto cae en gracia, entendiéndolo en un contexto aún infantil que posee, pero no en el de las exigencias de la dinámica de la lidia. Hasta un par de ocasiones se tiró a matar dejando, en la segunda, una estocada delantera y en su momento alguien le mal aconsejó que saliera al tercio, sitio en el que recibió más pitos rechazos que palmas.
Echando mano del entusiasmo Alejandro López enfrentó a su primero; quizás con escasa estética, no obstante en estado anímico exaltado cubrió los tres tercios observándose variado en los dos primeros y algo frustrado en el último y decisivo, cuando el oponente, soso que fuera, acabó parado apuntando la testa en el cielo. Los desaciertos técnicos le hicieron sufrir varios sustos sin embargo el público no le tomó en cuenta eso, más bien lo primero y le aplaudió en el tercio una vez que mató de admisible estocada previa a un pinchazo.
Entre angustias hizo el esfuerzo al nivel de su poca experiencia logrando salir de un duro paso con aquel hermoso novillo, su segundo, que reclamaba otro planteamiento, el del oficio y la reciedumbre. Lo mató hábilmente y se le incentivó con tibias palmas.
Ricardo Frausto se cruzó con un buen bovino, claro, descubierto y que embistió con clase. Un punto de más revolucionado, le veroniqueó y le realizó un quite para con la muleta oscilar entre puntos altos y bajos. Entregó muchos pases y pocos muletazos que pudiesen haber calificado mejor. Mató de espadazo tendido y se le premió con el único apéndice concedido en esta vanal función.
El que cerró la fiesta fue un utrero débil, sin problemas que admitió se le hicieran cosas con la sarga y el joven aquicalidense nunca le toreó, reeditó con mayor vehemencia lo que hizo ante su primero: pegar muchos pases pero no torear de verdad. Se fue tras la espada y la dejó trasera por lo que hubo de empuñar la de cruceta no escapándose de ser advertido en una ocasión por la autoridad.

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