GERARDO ADAME REEDITA EL TRIUNFO CON UNO DE OBSEQUIO Y COMPLETA EL CARTEL DE LA TERCERA.

Cornada grande a Alejandro León y puntazo a Velázquez.
El público está ganoso de ver el arte del toreo; así lo ratificó ayer cuando casi llena los escaños del coso San Marcos en la segunda novillada de la campaña. La empresa le negoció un encierro bien presentado al criador de Rodolfo Vázquez; fueron los que mandó, seis ejemplares fuertes, rematados, finos de lámina los más, bien armados, desentonando en tipo solo dos. En juego destacaron el primero, tercero y quinto, éste, además de bello zootécnicamente, superior en la sarga por lo que fue honrado con el arrastre lento.
Valiosa fue la labor la de Gerardo Adame ante el que abrió el festejo; primero lo “recogió” y luego lució por verónicas con el final de la revolera. Después se vio valiente aunque atrabancado en un quite a modo de tafalleras. Cuando tomó la tela escarlata derrochó voluntad y decisión, sin embargo fue notorio que abusó del error de adelantar la suerte y dar luz a un novillo que apuntaba clase en su embestida pero que por mal dirigido a muchos engañó de que fue complicado. Con estocada tendida y la salida al tercio acabó la primera escena.
Un tratado de trigonometría en arameo resultó el cuarto; nunca hizo el menor caso a la muleta y si al joven, que sabiendo lo que tenía delante, esgrimió valerosamente el engaño y descifró el problema, cosa que se le tomó en cuenta. Después de soportar un arropón y pinchar dos veces finiquitó al mal ejemplar con un buen espadazo para ser aplaudido ricamente en el tercio. Con una daga clavada se animó a regalar un séptimo, éste quemado con el hierro de Torreón de Cañas con el que organizó estupendo y animoso trasteo. En los medios enseñó lo que es el temple con el capote, primero por verónicas, apuntalando con quite sobre chicuelinas. El ungulado era tardo en el tercio definitivo, pero con mucha clase y recorrido con lo cual el joven estructuró un quehacer variado, de temple y relajamiento que le hubiesen dado por el las orejas si no que la estocada que ejecutó fue de tardías consecuencias, por lo que hubo de empuñar el arma de cruz. Una oreja sí que le fue otorgada y por esto repite el venidero domingo en la tercera novillada alternando con el ecuatoriano Juan Antonio Bustamante y Garza Gaona ante reses de Jorge de Haro.
Una pésima brega firmada por los subalternos dio como resultado a un novillo complicado, de cortas embestidas y probón. Cristian Verdín se observó deseoso, dando algo más de torero en comparación con la anterior temporada. De cualquier modo su hacer tiene poco chiste. Después se le complicó la suerte suprema hasta casi escuchar un par de avisos. Pasó un detalle cuando abrió su capa en la segunda aparición, y al desplegar la roja se destapó un estupendo novillo, ejemplo de fijeza, clase y nobleza. Buenos pases se le vieron al joven sin embargo su nombre se diluyó ante aquellas virtudes; poca personalidad tiene y ninguna idea del mando y los terrenos. Sufrió con el acero y escuchó un recado, después mediocres palmas en el tercio.
Toscas embestidas fueron las del primero de Paquito Velázquez, mismas que salvó con apuros dándole vuelo a la capa. En el episodio muletero dejó sentir su amargo verdor y su exceso de providencias, desaprovechando un pitón izquierdo fabuloso, por el cual el bue ungulado se iba en extensas embestidas. Nunca firme y siempre fuera de distancia, algún muletazo de relumbrón le aplaudieron. Mal se vio con el estoque y fue avisado en una ocasión. En el sexto dio más de lo mismo: un trabajo intrascendente. Este lusitano aún es ignorante de mucho de lo que es el toreo y comete errores de primaria. Antes de entrar en la suerte se sale. Un detalle se le vio pero el toreo es de más… mucho más… sacó del novillo, que le pegó la cornada al subalterno, un rozón en los genitales antes de que lo despachara con media espada mal colocada. Aplausos en el tercio fue el premio.
Herido.
En el sexto fue herido el banderillero Alejandro León cuando trataba de quedarse con el tres añero. Según el médico Luis Chávez presentó una cornada grande en la cara interna del muslo derecho a la altura del tercio medio. Se estabilizó en la enfermería y se llevó a cirugía.

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