28 julio, 2021

GRAN FIESTA MAÑANA EN LA SAN MARCOS EN HONOR DE LOS HERMANOS VICENTE Y ELÍAS ESPARZA.

ARRASTRE LENTO… Da gusto prestar atención a los ríos del toreo cuando se desbordan sin causar menores estragos. Beber de sus aguas, más cuando son cristalinas, no es sólo una complacencia emocional que mitiga la sed del espíritu: ingerir el preciado líquido que fluye en los excitados caudales del toreo es darle vida al alma y sentimiento al corazón.

ARRASTRE LENTO… Da gusto prestar atención a los ríos del toreo cuando se desbordan sin causar menores estragos. Beber de sus aguas, más cuando son cristalinas, no es sólo una complacencia emocional que mitiga la sed del espíritu: ingerir el preciado líquido que fluye en los excitados caudales del toreo es darle vida al alma y sentimiento al corazón.
Empero, cosa curiosa, hay que saber hacerlo. No cualquiera puede, ni se atreve, a tomar un poco de él. Por fortuna hay guías, mentores, maestros que dan las claves para sacar el máximo provecho de la ocasión y circunstancia.
Aguascalientes, vive en una etapa de gloriosa inundación: sus presas están colmadas, y sus campos anegados, de las deleitosas aguas del toreo. Por cualquier rumbo manan; de cualquier rincón brotan. Pero no en desorden ni en caos. Por el contrario, el despacho de ingeniería, con su atenta entrega y generosa disposición, cual celoso supervisor, con amorosa dedicación han contribuido para que el jardín de la Fiesta luzca, para envidia de otros, aromáticamente esplendoroso.
En Aguascalientes el toreo es alma y vida. Hoy se cuenta con una infinidad de sedientos; hoy son decenas los niños que quieren aprender a beber las aguas del toreo; y hoy se suman por docenas los que, habiéndose capacitados, son excelente bebedores.
¿Y gracias a quién? Pues a los maestros que, como los hermanos Vicente y Elías Esparza, han dado su vida, a manera de contribución, a la enseñanza de las claves y secretos –técnicos y espirituales- del toreo.
Ello explica el alboroto que, mañana en la tarde, se armará en la plaza San Marcos, circo en el que, luciendo sus mejores galas, y por la gratitud movida, la afición les rendirá sendos homenajes y reconocimientos a la fraternal pareja que ha sido, desde hace veinticinco años, guía de los sedientos bebedores de las aguas del río del toreo en Aguascalientes.
La ocasión amerita el estruendo musical de los mariachis: no siempre hay motivos para que la música le ponga el timbre de alegría a una celebración tan especial como la de mañana domingo. Lo cierto es que por ningún motivo se puede trivializar, mucho menos vulgarizar, la gratitud, convertida en gesto y actitud, con la que, además de las autoridades municipales y aficionados en general, los toreros que han sido sus discípulos, van a reconocer la dilatada trayectoria dentro del ámbito de la enseñanza de la tauromaquia de Vicente y Elías, apreciados y populares personajes que, primero como niños toreros, luego como novilleros, y posteriormente como subalternos, lograron ganarse la admiración, el cariño y el respeto de la gran familia taurina de Aguascalientes.
También es cierto que, de ahí el elevado sentido del reconocimiento, los hermanos Esparza, obedientes a su cultura y educación torera, la que mamaron desde la cuna y en familia pues su papá también fue torero, se entregaron a la formación de las nuevas generaciones lo más fiel y honradamente apegados a la tradición y a los valores que le dan rango de gran profesión al toreo.
Me queda claro que mucho han tenido que ver Vicente y Elías en el cultivo de los maravillosos y elevados sentimientos de los chiquillos toreros que, algunos de ellos, ya han visto cristalizados sus sueños de verse convertidos en profesionales.
La vida torera de ambos, la que parece culminar en la resignación, pero sobre todo en la sumisión a la sencillez y a la humildad, argumento que por su nobleza los hace grandes por derecho propio, nos deja una lección de vida: los maestros del toreo son los que, a pesar de su modestia, enseñan a beber, y a sacar provecho, lo mismo de una gota lagrimada, que de los torrentes de los ríos desbordados de la naturaleza del toreo.

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