24 julio, 2021

GROTESCA TRAVESURA ANEDÓTICA QUE RASGA EL SOLEMNE PAÑO DEL ALTAR DEL TOREO EN GUADALAJARA.

ARRASTRE LENTO… Ya tiene los coleccionistas de hechos curiosos, vulgares promotores de anécdotas, una más para explotarla sin misericordia. La última, la que quedará prendida con alfileres que serán reemplazados por seguros de acero en la memoria de los aficionados, pasará a la historia como acontecimiento imborrable.
Quien sufrió de lo lindo fue el prestigio de la Monumental -Nuevo Progreso- pues, al ocurrir en su albero tan pintoresco suceso, dejaba en duda si podría mantener su reputada autoridad en el medio.

ARRASTRE LENTO… Ya tiene los coleccionistas de hechos curiosos, vulgares promotores de anécdotas, una más para explotarla sin misericordia. La última, la que quedará prendida con alfileres que serán reemplazados por seguros de acero en la memoria de los aficionados, pasará a la historia como acontecimiento imborrable.
Quien sufrió de lo lindo fue el prestigio de la Monumental -Nuevo Progreso- pues, al ocurrir en su albero tan pintoresco suceso, dejaba en duda si podría mantener su reputada autoridad en el medio.
Asombro, incredulidad, risotadas, irritada pasión incontenible; qué no provocó en el ánimo de los espectadores que, apenas el domingo pasado, fueron testigos, primero, de la abrupta incursión del intruso espontáneo y, luego, de la insolente adopción de la justicia por el novillero que, en el estrépito de la incertidumbre, exhalaba bocanadas de ácida irritación. (Entre paréntesis: ¡qué poca suerte tienen los espontáneos en ese ruedo).
El brutal golpazo que Juan Camilo Alzate -¡vaya puño, y vaya fuerza!-propinó al errabundo torerete Ángel Reyes, el que al impactar su cabeza en la arena con fatídico estrepito presagiaba duelo, le debe haber servido al colombiano para dejarle en claro que si bien la suerte no le conduce con hidalga donosura por los ruedos, podrá hacerlo en los cuadriláteros.
Lo que pudo haber sido una desgracia para el extranjero, a la vez pudo haber sido para él una dicha: tiene resuelto el enigma de su futuro. Toreo o golpeador.
¿Qué pensaron los aficionados nuevos al ver semejante barbaridad en el ruedo más serio de la provincia mexicana? Lo que pasó por la mente de los viejos pudo fácilmente traducirse e interpretarse: unos tomaron partido: estos aplaudieron el arrebato del novillero; aquellos, se lo reprocharon. Los nobles y generosos, sorprendidos por el trance violento, sintieron compasión por el entrometido; en tanto que los fríos que viven la Fiesta ajena a los sentimientos piadoso, clamando por una justicia indiferente, pedían la horca para el intruso.
Lo cierto es que al espontáneo, culpable del desorden que provocó tan apasionado enfrentamiento virtual entre dos posiciones encontradas de los aficionados, se le debiera remitir al taller de las reparaciones de los seres humanos que no tienen control sobre sus impulsos que atentan contra el orden. Y al novillero, nada vacilante a la hora de meter los puños, le quedará por siempre la certeza de que la impartición de justicia en el ruedo corresponde únicamente a la Autoridad.
Empero gran alivio debe proporcionarle al paisano del célebre ilusionista de anécdotas literarias, don Gabriel García Márquez, el hecho de haber cortado la oreja al astado del incidente que, cual travesura del destino, servirá para que los promotores sin escrúpulos de los pintorescos incidentes de colección se deleiten narrando el chusco episodio, lamentable por donde se lo vea, que a toda prisa se alejará de las mentes taurinas positivamente equilibradas.

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