29 julio, 2021

¿HABRÁ PARECIDO ENTRE LA SORPRESA DE “EL PATO” RIVAS Y LA SOLIDA EVOLUCIÓN DE GERARDO ADAME?.

ARRASTRE LENTO… Habrá quien como aficionado espere encontrarse en la temporada de novilladas que inicia el domingo en la San Marcos con algún novillero que sea sorpresa y que cause impacto. ¿Bienvenido sea!

ARRASTRE LENTO… Habrá quien como aficionado espere encontrarse en la temporada de novilladas que inicia el domingo en la San Marcos con algún novillero que sea sorpresa y que cause impacto. ¿Bienvenido sea!
Sólo que…
Sólo que, siendo las sorpresas una ingeniosa ocurrencia de los caprichos de la vida, mueren tan pronto que parecen fantasmas con el pánico de la huida en el alma.
Tal vez el lector vivió la deslumbrante aparición de una sorpresa inaudita en los anales de la plaza San Marcos. Todo Aguascalientes oyó hablar de ella; el hecho ocurrió a finales de la década de los años sesenta. El personaje en cuestión, humilde y sencillo por donde se lo mirase, mejor conocido por su mote, sorprendió a propios y extraños.
Hablo de Eduardo Rivas “El Pato”. Por la fragilidad de su cuerpo prematuramente deteriorado nadie daba un cinco por él, sin embargo, sublimado cual avecilla que regresa del cielo ¡menudo lío armó! En el firmamento azul, todo esperanza, se dibujó una flébil figurilla que, aunque modesta, brillaba emocionada y desafiante. Fue tan colosal el alboroto que los aficionados locales, ebrios de entusiasmo, lo alzaron a la altura de la luna y las estrellas. El rumor se convirtió en escándalo al grado de producir el alocado estrépito de la cristalería rota. Todo Aguascalientes habló de él.
Y hasta los empresarios de diferentes plazas, muy en especial el de la plaza México, vinieron para verlo torear en el campo. Le iluminaba la luz de la alborada. Sólo que…
Sólo que en el toreo las violentas e inesperadas apariciones exitosas han tenido poca duración y se han ido con la inmediatez con la que sorprendieron. En el enternecedor caso del “Patito” Rivas demasiado pronto llegó el olvido. Y aunque volvió a desafiar al destino, nunca más su nombre volvió a escribirse con mayúsculas.
Así las cosas, la brevedad de la historia de las sorpresas no me conmueve para esperarlas con ansiedad. De ahí que a la temporada de novilladas en la San Marcos prefiera recibirla como quien atiende la llegada de los valores con una trayectoria rectilínea, sólida, maciza. Prefiero la consistencia de lo preciso, me inclino por la madurez de lo bien definido, por las figuras de cortes precisos.
Y es que, mirando la trayectoria vigorosa y robusta de Gerardo Adame, joven que está enfrascado en un entusiasmado diálogo con el espíritu de su vocación, poco me queda por esperar a no ser que el novillero se consolide y llegue a la alternativa con todos los honores, tal y como corresponde a una figura de la novillería.
Las sorpresas, pues las sorpresas que vengan y cautiven a los incautos que no creen en el toreo más que cuando impacta con su inesperada conmoción.
En lo personal prefiero el trueno –y estruendo- del asombro y el entusiasmo que deriva del clasicismo, de la pureza, de la autenticidad. Y es que, comprobado lo tengo, más me han sorprendido los novilleros que se desenvuelven en el ruedo con el aplomo y el dominio del torero en crecimiento siempre rectilíneo.

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