29 julio, 2021

HACE FALTA, A PESAR DE LOS BUENOS DETALLES DE LOS NOVILLEROS, EL ESCÁNDALO DE LAS GRANDES TARDES EN LA MONUMENTAL.

ARRASTRE LENTO… Algo – ¡QUE SÍ TIENE NOMBRE!- le está faltando a la temporada de novilladas en Guadalajara. Ese algo el lector lo puede traducir y el aficionado interpretar. Para el efecto permítaseme valerme y referirme a hechos reales.

ARRASTRE LENTO… Algo – ¡QUE SÍ TIENE NOMBRE!- le está faltando a la temporada de novilladas en Guadalajara. Ese algo el lector lo puede traducir y el aficionado interpretar. Para el efecto permítaseme valerme y referirme a hechos reales.
Se lo cuento con cierto aire de sano orgullo, ese que con ufanía experimenta el veterano de mil tardes que sabe que el nuevo habitante del mundo de los toros no lo vivirá. El capítulo al que me voy a referir, frecuente en la mecánica de los medios informativos de aquellos años, y común en los niveles de animación en el medio, sólo se podrá entender a partir de la expectación que causaban ciertos personajes.
El hecho por lo general ocurría los lunes a temprana hora, y se magnificaba en los puestos de periódicos. Si bien no eran tumultos, sí se veía tal cantidad de aficionados en busca de la noticia que la demanda del diario que se solicitaba agotaba pronto su existencia. Lo cierto es que las manos presurosas abrían con apremiante ansiedad el periódico para enterarse de lo que le había ocurrido en ciertas plazas. Los corrillos que se formaban para comentar los sucesos parecían romerías incapaces de poner sordina al sordo rumor que mucho tenía de mercado.
El acusado nerviosismo del solicitante del diario movía de prisa los labios: ¿Cómo le fue al Cordobés? preguntaba una voz, y no lejos de ahí otra interrogaba con ansia de enamorado, ¿y cómo le fue a El Imposible? ¿…y a Huerta? Los vendedores de la prensa escrita, cuya circulación era la dominante en tan añorados años, no necesitaban exagerar en el pregón para venderla. Las buenas noticias corrían como reguero de pólvora: enterado por la prensa, el aficionado las difundía, y el taurino las celebraba. El circuito –expectación, realización y recepción del hecho- era perfecto.
También recuerdo en específico las mañanas de los lunes en los que la prensa, comentándolas, exhibía fotos en los que la tragedia, al contemplársela, originaba ademanes que acompañaban al demudado semblante de quien las miraba con asombro y perplejidad. Nunca podré olvidar dos de esas matinales sorpresas: obvio es que los diarios no duraron ni cinco minutos en el expendio. Con alarmante estridencia divulgaban acontecimientos de espeluznante dramatismo: la primera fe la cogida –en el cuello- a Antonio Velázquez en el Toreo de Cuatro Caminos; y la otra la de Manuel Capetillo en el pecho ocurrida en la plaza México. Ambas cogidas, cuya magnitud la limitaban fatales desenlaces, hicieron que el comprador, confirmada la gravedad de las lesiones de los diestros, guardaran fúnebre, temeroso y piadoso silencio en el sacro baúl de la curiosidad.
Por fortuna, y a pesar del sentimiento de pena y lástima que mucho tenía del remordimiento experimentado por el aficionado todo quedó, muy al margen del suplicio vivido por esos dos señorones del toreo mexicano, en un hecho anecdótico. ¡Hasta ahí la historia!
Afirmarlo entristece: pero es cierto que aunque los medios electrónicos con su eficiencia y prontitud en mucho rebasan a la prensa escrita, pareciera -¡y de hecho lo es!- que se acabaron las tardes en las que los novilleros se llevaban las “ocho columnas”. Pareciera -¡y de hecho lo es!- que la expectación en la actual temporada de novilladas en Guadalajara no anima a ningún aficionado para que con el apresuramiento de la curiosidad y el interés, se busquen las noticias en la prensa escrita, en la prensa electrónica, o en los chimes de esquina callejera y de cantina.

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