5 agosto, 2021

HAY DE FERIAS A FERIAS, LA DE AGUASCALIENTES SIGUE SIENDO LA REINA MIMADA Y CONSENTIDA DE LOS AFICIONADOS CON ALMA DE MÉXICO.

ARRASTRE LENTO… Creo que todo aficionado a los toros, más de alguna vez, se ha sentido afectado por la asfixiante sensación de la inquietud emocional del mal humor. Por lo general tan incómoda vibración obedece al efecto de los pensamientos retorcidos que adentran a quien los padece en un medio donde la zozobra y la incertidumbre obligan a estar siempre en tensión y alerta.

ARRASTRE LENTO… Creo que todo aficionado a los toros, más de alguna vez, se ha sentido afectado por la asfixiante sensación de la inquietud emocional del mal humor. Por lo general tan incómoda vibración obedece al efecto de los pensamientos retorcidos que adentran a quien los padece en un medio donde la zozobra y la incertidumbre obligan a estar siempre en tensión y alerta.
Así las cosas, el domingo próximo, al dar inicio el ciclo taurino en el renovado coliseo de cantera zacatecano, partirá, a diferencia de otros años en los que la serpenteante caravana era extensa y animada, un reducida comitiva de vehículos al vecino estado que, pese a su cercanía con Aguascalientes, lo separa la honda brecha de la inseguridad amenazante. El temor y la desconfianza, al disuadir, se vuelven condicionantes.
Lo cierto es que serán pocos los aficionados de aquí que, dudando entre el sí y entre el no de la confianza, determinen asistir a las corridas de la verbena que insiste en competir con la feria reina de América.
Quedándose en casa, mal dibujando su contrariedad en la tarde noche en la que, como otros tantas, los ligeros relámpagos de la luna centellean entre nubarrones pardos de mortificación, el taurino de aquí –Aguascalientes.- pospondrá experimentar el asombro causado por la renovación del graderío numerado de la gran plaza que ofrecerá sus funciones sin la despampanante presencia de las figuras españolas.
El aficionado podrá elaborar sus propias conjeturas reconociendo, con su ojo certero, las diferencias folclóricas y taurinas que existen entre la de Zacatecas y la de Aguascalientes. Diferencias sustanciales unas, y decorativas otras.
Hasta la naturaleza toma partido toda vez que son los frecuentes y despilfarrados chubascos los que “aguadan” la kermesse zacatecana, en tanto que, a la de mi tierra, la atavía con el multicolor rebozo del remanso primaveral de abril y mayo. Mantones y claveles para la reina que luce esplendorosa y perfumada con los aires que en la atmósfera esparcen un no sé qué de languidez acogedora destacando los perfiles mestizos de la Andalucía a la mexicana.
Lamentablemente en ambas ferias, por no decir que el hecho ocurre en las de todo México –salvo y excepción Guadalajara- se continúan cometiendo pecados viejos que se vuelven delitos vigentes. En el techo de cuanta feria se mencione hay fisuras por donde se cuela el desorden a partir de las irregularidades formales en muchos toros que no cumplen con los requisitos –edad y trapío- reglamentado y exigido por los idealistas del toreo.
Finalmente habrá que reconocer el renovado interés que los organizadores de las diferentes ferias taurinas del país tienen para categorizar el espectáculo dentro de un marco de seriedad incuestionable. Los de Zacatecas no se quedan atrás al grado de garantizar que los encierros a lidiarse este año tendrán una presencia –y edad- irreprochable.
Lástima que sea entonces la “inseguridad” que se vive en las carreteras por donde se rueda a marcha incierta el motivo que desestimule a los aficionados de Aguascalientes a ir a la vecina capital que por colonial e histórica es respetada por su tradición torera.
Y claro, nada habrá que no me impida ver lo que miro: que la feria de Aguascalientes, bañándose en la eterna fuente de la gracia torera, sigue –y seguirá- siendo la reina de las ferias de México.

Deja un comentario