23 julio, 2021

¡¡¡HAY GENTE PA´ TOÓ!!!… JUAN GARCÍA, FRAY “MONDEÑO”.

RAFAEL GÓMEZ, “El Gallo”, fue una leyenda en España. Hombre de un sello asombroso, tanto era que hasta José Ortega y Gasset solicitó conocerlo y el favor lo encargó a don José María de Cossío, que algún día le invitara a sus concilios del café “Lyon D’Or” en Madrid. Eso hizo Cossío unos días más tarde, de tal forma que el famoso intelectual tuvo la oportunidad de charlar durante un par de horas con el “Divino Calvo”.

RAFAEL GÓMEZ, “El Gallo”, fue una leyenda en España. Hombre de un sello asombroso, tanto era que hasta José Ortega y Gasset solicitó conocerlo y el favor lo encargó a don José María de Cossío, que algún día le invitara a sus concilios del café “Lyon D’Or” en Madrid. Eso hizo Cossío unos días más tarde, de tal forma que el famoso intelectual tuvo la oportunidad de charlar durante un par de horas con el “Divino Calvo”. El torero que estaba ya cansado de la reunión y de tanta conversación, invitó a Cossío a dar un paseo y a que lo acompañara a comprarse unos puros. Tras despedirse ambos de Ortega y Gasset se fueron a por los puros. Después de encenderse el habano en la calle, “El Gallo” le dice muy serio a Cossío: “Oye José María, este señó tan amable que ha tomaó café con nosotros, ¿quién es?”. Cossío sorprendido le responde: “Hombre Rafael, tú siempre tan despistado; es Ortega y Gasset”. A lo que “El Gallo” replicó: “Eso lo sé, pero qué ofisio tiene?”. Cossío le habla sobre la autoridad culta de Ortega: “Este hombre es el filósofo más grande que hay en España”. Rafael, “El Gallo”, se para en la calle, mira muy fijo a Cossío y abriendo mucho los ojos le larga un: ¡Que barbaria, José María! ¡¡¡Hay gente pa´ toó!!!… Ahora, cambio de torero.
“YO FUI torero por necesidad, porque era el medio más rápido de ganar dinero. Mi padre era guarda, policía, y la vida estaba entonces muy mala. Me decidí por ser torero, pero nunca tuve afición, ni ambición por ser figura, dos cosas tan importantes en esta profesión”. Esto lo declaró un hombre que gracias a lo que ganó en los ruedos ahora es un coleccionista de autos Rolls Royce, Mercedes, Ferrari, BMW, motos Harley, que frecuenta los más elegantes y caros restaurantes parisinos ya que vive en esa ciudad desde que salió de su segunda “despedida”, la de un convento. Como ya habrán presentido hablo de Juan García Jiménez, “Mondeño”, torero puro y clásico, el místico espada que nació un 7 de enero de 1934 en Puerto Real, Cádiz.
“EL CORAZÓN tiene razones que la razón no conoce”. Torero y posteriormente fraile, fraile y ahora disfruta de la buena vida gracias a lo que aprendió, ganó y atesoró en los ruedos. Se interna un 31 de agosto de 1964 en la Orden de los Dominicos, se dice que… Se crió en una choza en Andalucía, respiró el éxito en la cumbre del toreo. Tomó los hábitos de fraile y retornó a los toros. Tras su retirada, únicamente ha asistido a tres corridas. En México, Distrito Federal vivió una corta temporada después de sus ambas despedidas. En 1957 actuando en una novillada en el coso de Zafra, sufrió una grave cornada que le pronosticaban lo dejaría cojo de por vida y sin posibilidades de volver a torear, con la ayuda de un amigo idearon un aparato que tenía unos hierros que subían por la pantorrilla y una hebilla, le hicieron unas zapatillas con una especie de tacones para que un muelle le permitiera el movimiento que no podía hacer el pie derecho que de poco le ayudó. A pesar de ese incomodo martirio se le vio programado en casi medio centenar de novilladas hasta que en 1959 Antonio Ordóñez le hace matador de toros en Sevilla, con Manolo Vázquez de testigo y mismo padrino en su confirmación madrileña dos meses después. El mismo declaró en una ocasión…
“DESDE NIÑO quería haber sido misionero. Mis padres no sabían leer ni escribir, pero nos educaron muy bien. Cuando llegaba una visita nos levantábamos, no hablábamos fuerte. Pisé la escuela por primera vez cuando tenía 13 años. Fui a San Juan Bautista de la Salle. Allí aprendí valores cristianos. Parece ser que tenía sentimientos profundos para ser sacerdote, aunque mi abuela paterna, la Pepa, que era más valiente que “El Guerra” y anticlerical, se oponía radicalmente. En el 63, con todo a mi favor, ingresé en la Orden de los Dominicos. Quería que me hubieran mandado donde no me conocieran, pero decidieron que iría un año a León y otro al convento de Caleruega, Burgos. La gente iba en peregrinación. Recuerdo a un hombre enfermo que había llegado desde Palma y me dijo que se tenía que confesar conmigo porque yo era un santo, como si yo fuera San Martín de Porres, y le quedaba poco de vida, como así sucedió. Tomé los hábitos. Aquello no fue lo que esperaba y volví a los toros. Era torero y era lo que sabía hacer. Luego, me fui cuando quise, con la vida solucionada económicamente”.
DOS TOREROS diferentes, dos toreros de épocas completamente distantes, dos hombres especiales pero ambos con la similitud de tener un lugar en la historia taurina a nivel mundial. Fin de semana de amena lectura y listos para enfrentar el trabajo de esta semana, no cabe duda… ¡¡¡Hay gente pa´ toó!!!… Nos Vemos.

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