JOSÉ JIMÉNEZ NONDEDEU, “REBUJINA”.

De Cádiz a Venezuela en una vida azarosa.
Hubo una serie de toreros en la Bahía a quienes les toco vivir en tiempos muy difíciles y que movieron masas: en El Puerto Manolo del Pino, Venturita en Jerez y en Cádiz José Rebujina.
José Jiménez Nondedeu “Rebujina” fue un novillero gaditano, otro eslabón en la larga saga torera de los Jiménez. Era sobrino del primer Rebujina, Francisco Jiménez, que fue un gran estoqueador. El propio José Rebujina contaba que su tío se retiró del toreo como consecuencia de una grave cornada sufrida en el vientre en Granada, la misma que siete años después le llevó a la tumba. Lo que sí que era cierto es que era pariente de Aurelio Sellé Nondedeu y de la famosa saga cantaora de los Jiménez “Mellizo”.
Rebujina no era el único torero de la familia en aquella época ya que también torearon sus hermanos Tomás “Rebujina Chico” y Francisco “Pacorro”. El primero no pasó de novillero sin caballos aunque más tarde torearía de subalterno alguna vez con su sobrino Francisco Jiménez Álvarez “Pacorrito”, a la vez hijo adoptivo de Pacorro. Pacorro fue banderillero en varias cuadrillas, entre ellas la de Miguel del Pino, y llegaría a ser apoderado del matador de toros venezolano Bernardo Valencia. José Jiménez nació en Cádiz el 13 de julio de 1909 y comenzó a torear en 1929, temporada en la que sumó diez corridas según cuenta Cossío en su enciclopedia taurina.
Precisamente en el año de su debut, 1929, fue cogido José un 4 de mayo en la plaza de San Fernando, por un novillo llamado “Airoso” de la ganadería de Narciso Darnaude. Fue cogido al entrar a matar y sufrió una cornada en el muslo derecho. Tardó en curar quince días con los cuidados del doctor Servando Amaya. Era su séptima novillada con picadores. La primera cura, en la enfermería de la plaza isleña duró una hora, y Rebujina dije que fue “dolorosísima”. Tan temprana cornada pudo ser clave de la medrosidad que se le achacó siempre, aunque no en su determinación de seguir en la profesión. Su hermano Pacorro, sin embargo, en la misma tarde de su debut en público decidió que lo suyo no era desfilar al frente de las cuadrillas, sino ser banderillero.
Los primeros compañeros de Rebujina fueron Rafael Saco “Cantimplas”, Manuel del Pino “Niño del Matadero”, Leopoldo Blanco, Manuel García “Revertito” o Pedro Carreño. Debutó en Madrid el 21 de septiembre de 1930 con novillos de Sánchez Rico. En aquella ocasión toreó con Juan Valenciano y Pepe Hillo. Cossío lo tuvo por buen torero pero con el sambenito de la medrosidad.. Este torero gaditano tuvo como apoderado en sus primeros tiempos a Enrique Gárate “Limeño”, el que había formado pareja juvenil con Joselito el Gallo, y que en aquellos años finales de la década de 1920 vivía en la plaza del Matute número 4 de Madrid.
Rebujina fue uno de los novilleros que toreó en la primera novillada de la flamante plaza de toros de Cádiz, sita en la plaza de Asdrúbal y estrenada en el Corpus de 1929. Fue el 23 de junio de ese año con Julián Hervías como empresario. Los novillos fueron de Ramón Gallardo, grandes y nobles, y dieron un promedio de 216 kilos. Leopoldo Blanco de San Fernando, Rebujina y Manuel del Pino “Niño del Matadero” de El Puerto, fue la terna de la primera novillada. La presentación de este torero, de azarosa vida, en Sevilla fue el 7 de julio de 1929, en una corrida a la que acudieron los infantes y los marinos ingleses del “Eagle”. De Cádiz cuentan las crónicas que asistieron 500 personas. En aquellos años los novilleros de la Bahía movían mucho público y las empresas montabas espectñaculos para ellos. Rebujina alternó en Sevilla con Cantimplas y el americano Sidney Franklin frente a novillos de Peñalver. Sidney Franklin viviría después en España y fue muy amigo de Ernest Hemingway. Se dice que lo que sabía de toros Don Ernesto se lo había enseñado aquel torero estadounidense.
Para Don Criterio, cronista taurino de “El Liberal” de Sevilla, la labor del gaditano hubiera lucido más con otra clase de ganado, aunque se le vieron deseos. Lo cierto fue que repitieron al de Cádiz para el siguiente día 22, con novillos de González Nandín y uno de Sotomayor y con Cantimplas y Chalmeta como compañeros de cartel. Esta vez Rebujina volvió -según Don Criterio- a demostrar deseos, aunque al hacer un quite en el cuarto fue cogido, pasando a la enfermería de la que salió poco después para estar valiente en el quinto. Torearía su siguiente novillada en La Maestranza el 25 de octubre de 1931 con novillos portugueses de herederos de José Martinho “Alves do Rio” y con José Baquet, y Niño de la Puerta Real. Al año siguiente, el 27 de marzo de 1932, alternando con Manuel del Pino “Niño del Matadero”, José García “Palmeño” y Manuel Lobato, “Niño de la Puerta Real”, inauguró la temporada en La Maestranza. Por ser otra plaza de primera, conviene destacar que Rebujina salió a hombros del coso de Valencia.
En 1932, José participó en 24 novilladas. Aquel año toreó en Cádiz el 15 de mayo, con Leopoldo Blanco, Pepe Gallardo de Barbate y Niño del Matadero de El Puerto. Fueron ocho novillos de Ramón Ortega y estuvo muy bien. El 3 de julio toreó novillos de Ramón Mora Figueroa, antes García Pedrajas. Alternó con Leopoldo Blanco y Pepe Gallardo. Sin embargo, Prieto Pagnas, en su libro sobre el torero isleño Leopoldo Blanco, dice que Rebujina hizo una mala faena, que no fue capaz de matar a su oponente y que, simulando una cogida, se retiró a la enfermería, matando Blanco su novillo.
Aquel año toreó también Rebujina la novillada de Feria de San Fernando, junto a su amigo, competidor y compañero de carteles Leopoldo Blanco. El ganado fue de Mora Figueroa, de Vejer. Un monosabio ebrio fue cogido de cierta gravedad.
Ese mismo año de 1932, el 16 de junio, se presentó en la plaza madrileña de Tetuán de las Victorias alternando con Luis Morales y Álvaro Santos en la lidia de novillos de Antonio Llanos. Sufrieron percances sus dos compañeros de cartel y el gaditano tuvo que matar cinco novillos. También fue cogido varias veces y, con un puntazo, no quiso retirarse a la enfermería. Quisieron alzarlo a hombros al final de la corrida, negándose a recibir otro palizón. Le llamaron por ello “Rebujina Matacinco”. Aquel año volvió a Madrid el 17 de julio y el 30 de octubre cortó dos orejas tras una fenomenal estocada, recibiéndolas en la enfermería. Una pena que no fuera en Las Ventas ya que hubiera tenido la gesta otra repercusión.
El 8 de septiembre de 1935 toreó una novillada de Miura en la plaza de San Fernando en sustitución de “Niño del Barrio” que estaba cogido. En el cartel figuraban Solórzano y El Indio. Luego el isleño “Perico El Tate”, que antes de ser cantaor intentó ser torero, también sustituiría a Solórzano por lesiones en una pierna. Todo ello era consecuencia de los quilos y pitones del ganado. Los bichos fueron grandes y cornalones pero salieron buenos. Rebujina estuvo muy bien. La víspera, en el desencajonamiento, toreó dos novillos de Curro Chica un torero gaditano que luego correría igual suerte que Rebujina, terminando sus días emigrado a Venezuela. Era Manolo Rodríguez, hermano del que sería importante novillero gaditano Chano Rodríguez. Manolo Rodríguez falleció en el aeropuerto de Maquetía, de un infarto, años después, y fue muy apreciado en Cádiz.
Ese año de 1935 José Jiménez había alcanzado otro éxito importante en El Puerto el 30 de junio, con reses de Murube junto a Niño del Matadero, el sevillano Pascual Márquez y el jerezano Venturita e igualmente en Villamartín el 22 de septiembre. En Las Ventas toreó el 15 de agosto de 1940, con Manuel Calderón y Miguel del Pino frente a novillos de Bernardo de Quirós.
José era republicano y se encontró con la guerra civil, pero sobrevivió a los azares de la difícil vida en el Cádiz de entonces, y hasta toreó en festivales benéficos patrióticos. Los siguientes diez años de su carrera no fueron fáciles y redujo sus actuaciones a novilladas por la provincia. En Cádiz corría la especie de que José era un conquistador que luego no se responsabilizaba de las consecuencias de sus conquistas. Agotada su vida profesional, con pocas perspectivas en el horizonte y muchos problemas en la ciudad, decidió poner tierra por medio.
Este torero gaditano, heredero directo de una larga dinastía de gente de coleta del barrio de Santa María, viajó a Venezuela donde ganó muchas simpatías. Siempre se dijo en Cádiz que había emigrado por un asunto de faldas, escapando de un celoso marido que era a la vez un importante y aristocrático personaje de la ciudad. De hecho la familia cuenta que se fue sin papeles, de polizón en un barco que tocó en La Guaira, y allí desembarcó José.
En Venezuela, entre Valencia, Maracay y Caracas, aún continuó algunos años ejerciendo de banderillero, hasta que se retiro de los ruedos y trabajó en una colchonería de Valencia del Rey, estado de Carabobo, “La Española” sita en la calle Colombia y que era propiedad de José Rodríguez Parra “Parrita”, otro torero republicano que había puesto tierra por medio.
En la plaza de Valencia del Rey ejerció nuestro gaditano en numerosas ocasiones de asesor de la presidencia hasta su muerte en 1979 a los 70 años. En aquellos años ya lucía su famosa sonrisa de dientes de oro. Cada vez que iba algún torero de este rincón por Venezuela, José se orientaba y buscaba la vida. El viejo banderillero isleño Baldomero Ortega, que acudió con su hermano Rafael a torear por aquellas tierras y que luego volvió muchos años después vendiendo pollos ingleses por toda la república, siempre traía noticias de José y comentaba que ya tenía todos los dientes de oro.
Poco antes de morir, en octubre de 1978, sus amigos venezolanos organizaron una noche de gran gala en Caracas, en el restaurante D’Anauco, con el objeto de reunir fondos para que el torero pudiera regresar a España, donde no había vuelto desde 1949. Allí dejó familia y no pudo cumplir con el dicho de aquella canción del cambio de siglo en Cuba: “Que no te mueras sin ir a España, allí la uva y aquí la caña”. Pero no fue esa la última canción en los días de Rebujina. En su sepelio en Valencia su amigo, César Dao Colina, aficionado práctico, cronista de Valencia del Rey y profesor en la universidad carabobeña, hizo que sonara flamenco en homenaje al torero de los dientes de oro.
Su sobrino Francisco Jiménez Álvarez “Pacorrito” fue popularísimo banderillero en Cádiz y es un vecino muy querido. Sus pariente Joselito Nondedu, que también quiso ser matador y que hoy regenta un popular bar en La Viña, mantiene el recuerdo y la leyenda de José junto con su hermano Juan Nondedeu, “Saldaña”, presidente de la Gestora Pro Plaza de Toros Multiusos en Cádiz, y es que en la ciudad no se ha perdido el recuerdo de Rebujina, el hombre de los dientes de oro que se murió sin volver a España.
Textos: Francisco Orgambides. Tomado de “Gentes y Habitantes de Cadiz”.

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