24 julio, 2021

JUAN PABLO SÁNCHEZ, FAENA DE HOMBRE PREMIADA CON EL DE CERDAS.

Lo que es evidente no se cuestiona.
Se trata de un joven llamado Juan Pablo Sánchez en el que es notorio su objetivo. Centrado, claro de ideas y con las virtudes sobradas para figurar en el complejo planeta del Dios Taurus, tiene trazado ambicioso proyecto, el de no ser solamente un diestro importante en su patria, si no el de dimensionarse como profesional en el cuadro internacional.

Lo que es evidente no se cuestiona.
Se trata de un joven llamado Juan Pablo Sánchez en el que es notorio su objetivo. Centrado, claro de ideas y con las virtudes sobradas para figurar en el complejo planeta del Dios Taurus, tiene trazado ambicioso proyecto, el de no ser solamente un diestro importante en su patria, si no el de dimensionarse como profesional en el cuadro internacional.
Ayer tarde durante la tercera corrida de la feria sanmarqueña bañó, si es que se da licencia tratándose de un diestro consolidado y con mayor experiencia, a Sebastián Castella al cortar tres orejas y un rabo.
El portón de toriles dio paso a un encierro de castaños quemado con los hierros de Mimiahuapam y Begoña muy bien presentado, rematado y con belleza zootécnica. Esta vez se vio al toro como Dios manda y como corresponde a un coso del nivel de la Monumental –que recibió en sus gradas a casi tres cuartos de su amplio aforo- y a una feria importante.
El juego que dieron no resultó en los hechos el esperado, aunque todos fueron derecho a los empetados –recargando unos más que otros- ante la muleta se soldaron a la arena. Entre estos conceptos se tiene que hablar bien del quinto, un toro enrazado que dividió las opiniones al ser sus despojos llevados al desolladero, cuando sus anteriores hermanos habían sido repelidos con pitos. Ganaderamente se bajó el telón a la tarde con un absurdo arrastre lento que también dividió las apreciaciones. El burel referido tuvo un formidable inicio no obstante paulatinamente fue mermando y acortando sus embestidas.
El galo hizo con la nobleza del abre plaza una faena corta pero decorosa y limpia, así cuando desdobló el capote como cuando la muleta. Si no hubo la diligencia que emocionara totalmente fue por la escasa fuerza del bovino. La estocada le salió muy bien y por eso se le aplaudió.
El esfuerzo que hizo con el tercero para encontrarle el complejo tranco tuvo eco en las verónicas que selló con inmejorable media. En el centro del nimbo quedó luego el nítido racimo de chicuelinas. Difícilmente se entroncan en un solo toro todas las cualidades. El que refiero tuvo nobleza y clase, empero nula raza y escasa energía. Ante aquello el empeño del diestro se fue al vacío e injustamente fue pitado. El desagrado se acrecentó al estar mal con el alfanje.
Bendito toro el quinto, su raza fue el motivo para que el extranjero sacara buena parte de su toreo sólido e internacional. Interesante e intenso fue lo que se le vio, pese a que por momentos el castaño le ganara un punto, asunto que provocó algún solitario grito de ¡toro! Le mató de manera estupenda y en justicia le concedieron un auricular.
Con viento y un susto al intentar rematar Juan Pablo el esfuerzo capotero pasó el primer tercio. Lo emocionante lo hizo con la muleta. Técnicamente no tuvo error: cuando hubo de templar, templó, cuando hubo de acortar la distancia, la acortó y cuando hubo de desahogar por alto interpretó adormecidos pases de pecho. Así logró hasta levantar a gran parte de la clientela. El astado no desarrolló malas ideas y el novel coleta local se vio sobrado aprovechando la nobleza y buen estilo de aquel. La mancha a la hoja llegó con el acero ya que antes de media estocada tendida pinchó levantando solo una oreja.
Su segundo fue algo imposible y se deshizo de él decorosamente.
Sin embargo vendría algo mejor; aunque era difícil que se superara a sí mismo. Se trasplantó en un definido terreno del ruedo y con supremo temple, aguante y hombría, -aderezado este conjunto con una impresionante tranquilidad-, se rifó la existencia limpiamente. El toro, sexto del encierro, en ocasiones iba, y se encontraba la sarga planchada y mandona, otras veces se quedaba corto, levantaba la percha y los diamantes hallaban a una estatua de carne y hueso, pero inamovible. Su cabal actuación enloqueció a los reunidos, quienes de pie le cantaron el coro consagratorio de ¡torero, torero! Entre la caliente locura torera se dio a matar dejando una estocada medio palmo delanterilla, sin embargo en región anatómica aceptable saliendo del coso en hombros y con el de cerdas empuñado en su diestra.

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