24 julio, 2021

LA AFICIÓN QUERÍA OLER EL SANTO OLOR A PANADERÍA, PERO EL HORNO SE QUEDÓ ENCENDIDO, VACÍO Y SIN AROMA.

ARRASTRE LENTO… La novillada de ayer, antes de su realización, daba la impresión de deformar su sentido original toda vez que en ella se anunció a los triunfadores de la temporada de la plaza San Marcos. A quienes nos obsesiona interpretar la realidad con una visión esencialmente poética nos pareció una burda tomada de pelo. No lo son todos los que están.

ARRASTRE LENTO… La novillada de ayer, antes de su realización, daba la impresión de deformar su sentido original toda vez que en ella se anunció a los triunfadores de la temporada de la plaza San Marcos. A quienes nos obsesiona interpretar la realidad con una visión esencialmente poética nos pareció una burda tomada de pelo. No lo son todos los que están.
Y eso, ante del festejo, produjo en mí una extraña sensación de vacío, como aquella que me causó cuando, queriendo percibir el olor a panadería que de niño me embriagaba con su aroma, me encontré con el pan a la americana: en bolsa de plástico, desabrido, pero sobre todo, sin el santo olor a panadería.
Ayer quedó el horno prendido, pero de él no se desprendió el aroma embriagador que los soñadores esperábamos encontrar.
Y es que, como triunfadores de una temporada (en la San Marcos), concretamente Ricardo Frausto y Alejandro López, generaron expectativas que no se pudieron resolver tan favorablemente como las esperanzas en las que se cultivaron. Personalmente esperaba otro aroma, mucho más hondo, mucho más íntimo, mucho más parecido al que se percibe con tufo de hambre y gloria.
El horno quedó prendido.
Todavía, cuando en patio de cuadrillas se liaban el capote de paseo los toreros, se veía en ellos que traían en el alma cierta preocupación clavada, y aunque con la excitación del debut en la Monumental, entre indomables balbuceos de sus labios, y en medio de un ensanchamiento de su pecho, los novilleros no supieron poner la masa en el horno. Y no pudimos percibir el aroma a torería triunfal.
El horno quedó prendido.
Habíamos visto a los dos paisanos –López y Frausto- estremecerse con el frenesí del triunfo, pero ayer quedaron helados. Dichosos instantes aquellos, paseando las orejas triunfalmente en el ruedo del veterano coso del barrio de San Marcos, los que vivieron contemplando los lejanos farolillos de las estrellas celestes en las que se esconden las ilusiones: su emoción se había convertido en canto, y el canto en emoción: por eso la tonadilla de su canto quedó tan grabada en su alma que, pensaron, hoy era el día ideal para repetir la contemplación.
No fue así. El horno quedó prendido, pero sin aroma y vacío. Y conste que Ricardo, por su torera labor con su primero, al que le instrumentó los mejores muletazos de la tarde, cortó una oreja. Aún así, del horno no se desprendió el santo olor a panadería.
Hubiera querido que mis paisanos rompieran moldes y prefabricaran aquellos en los que el pan podría lucir sencillo, pero con aroma, con el santo olor a panadería. Hubiera querido que los paisanos deslumbraran con los ideales constructores de un orden nuevo. Pero fueron parecidos. Se parecieron a los panadero que, llenos de optimismo, preparan la masa, pero que, faltándoles el preciado toque del aroma embriagador, en su preocupación dejaron el horno vacío, y prendido. Otra vez será. No sé porqué pero al entrar a la plaza sentí como si arribara al vivero que, convertido en reguero de sangre, podría florecer un jardín de rosas. No se pudo. Otra vez será.
Lo malo es que, atado a mis recuerdos, quedé esperando encontrarme con las dulces ráfagas del aroma del santo olor a panadería. Pero me encontré con el pan elaborado a la americana: ni huele a nada, ni sabe tan dulce como el de mis recuerdos.
arrastrelento@gmail.com

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