31 julio, 2021

LA CONSIGNA ES MATAR DE ABURRIMIENTO AL RESPETABLE…

Miércoles 27 de abril del 2011.
Cuarta corrida de abono, Sevilla, plaza de la Real Maestranza de Caballería Toros: Seis de Alcurrucén, bien presentados en conjunto y absolutamente infumables por su falta de raza. Salvo el cuarto, que fue ovacionado en el arrastre.

Miércoles 27 de abril del 2011.
Cuarta corrida de abono, Sevilla, plaza de la Real Maestranza de Caballería Toros: Seis de Alcurrucén, bien presentados en conjunto y absolutamente infumables por su falta de raza. Salvo el cuarto, que fue ovacionado en el arrastre.
Toreros: Oliva Soto, en el que abrió plaza un pinchazo y dos golpes de descabello: aviso y silencio. En el cuarto mató de un pinchazo y entera para ser llamado a saludar –muy generosamente- en el tercio.
Rubén Pinar, al segundo lo despachó de pinchazo y entera en buen sitio: palmas. En el quinto, casi entera un poco caída: silencio.
Miguel Tendero, al tercero lo despachó de estocada aguantando y dos descabellos: palmas. Al que cerró plaza le dio un pinchazo hondo y una entera desprendida: silencio.
Esta fue una de esas corridas que le hacen a uno pensar que a lo mejor y de una manera muy retorcida, el karma se está cobrando con réditos todas nuestras malas acciones. Otra vez a los toros les faltó la casta buena, la sangre brava. Y cuando salió un animal con algo de bravura, alegre y con fuerza, fue a caer en manos de Oliva Soto. Puede que el malhadado bovino también haya tenido cuentas pendientes con la ya mencionada ley cósmica de la retribución, pues las pagó todas juntas yéndose con las orejitas puestas al cielo de los rumiantes.
Al primero de la tarde, la cuadrilla del primer espada y director de lidia le pegó 64 mantazos. Lo sé con tanta exactitud porque un amigo vio el festejo en la tele y se entretuvo en contar las tonterías de los subalternos. Luego el muchacho de Camas brindó al público. ¿Con inocencia, con ingenuidad, con sarcasmo? ¡Vaya usted a saber! El caso es que no hizo nada y terminó liquidando al bicho entre una ronda de peones, como en los heroicos tiempos de Ponciano Díaz y don Luis Mazzantini.
En su segundo toro las opiniones de los sevillanos entendidos se dividieron, algunos decían que Oliva Soto sólo le dio un buen pase y otros opinaban que, a excepción de los de pecho, no alcanzó a dar ninguno. Sin embargo, el grueso del público le jaleó con cierto optimismo digno de mejor causa una labor zaragatera y exenta de temple y mando.
Rubén Pinar también brindó al cónclave la muerte de su primer enemigo. Tampoco entiendo la razón detrás del amigable gesto, pues el coloradito era un herbívoro manso, sin fuelle, débil y soso. El albaceteño emocionó a los badulaques aguantando los derrotes de la “fiera”, mismos que hubiera podido tirar de igual manera una tortuga de edad avanzada, tan intempestivos y veloces eran los hachazos. En el quinto, un toro parado que no tenía un pase, la gente de plano le pitó para que no continuara aburriéndola.
Miguel Tendero le pudo enjaretar algunos buenos naturales aislados al tercero, mismo al que estoqueó con guapeza aguantando. Lástima que como buen manso, la res de los hermanos Lozano se resistió a morir pronto. En la parte final del aciago festejo, el segundo albaceteño del cartel se esforzó en pegarle muletazos a un torillo rebrincado y soso que desde que salió de toriles parecía un canguro con cuernos.
Otra tarde para el olvido, aunque siempre nos preguntaremos si otro torero hubiera aprovechado el garbanzo de a libra que fue el cuarto, de nombre “Cariñoso”. Pero probablemente es mejor así, pues de haber habido un triunfo gordo eso hubiera paliado un poco el catastrófico juego de los otros cinco alcurrucenes.

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