5 agosto, 2021

LA FERIA TAURINA DEL 2011 FUE LA OCASIÓN DE ENCONTRARSE CON LAS BASES DE UN FUTURO ALENTADOR.

ARRASTRE LENTO… Pareciera como si la órbita de la Fiesta en Aguascalientes, ampliando su espectro luminoso, acelerara el proceso de admirarla. Ante los violentos embates de sus virulentos enemigos luce victoriosa, y mirándola a futuro la vemos tan segura que con inusual impavidez se desentiende de la rigidez penetrante de las lanzas que vuelan sobre fantasmas que se vuelven gigantes mientras se les ataca.

ARRASTRE LENTO… Pareciera como si la órbita de la Fiesta en Aguascalientes, ampliando su espectro luminoso, acelerara el proceso de admirarla. Ante los violentos embates de sus virulentos enemigos luce victoriosa, y mirándola a futuro la vemos tan segura que con inusual impavidez se desentiende de la rigidez penetrante de las lanzas que vuelan sobre fantasmas que se vuelven gigantes mientras se les ataca.
Afortunadamente se reforzaron los motivos para que los aficionados le sigan dando vida al toreo con su fidelidad adoratriz. Y serán éstos los que, asumiendo una posición de salvaguarda y protector del espectáculo, le den un sentido nueva a la tradición taurina. He aquí lo interesante, lo antiguo se vuelve nuevo, y lo nuevo, sin quedar fuera de moda, seguirá teniendo comparadores en multitud.
Me queda la impresión de que la Fiesta, anciana celebración con fecha de caducidad rebasada hace unos cuantos soles, sigue latiendo con sangre siempre joven. Y prolongará su existencia mientras sus chispazos geniales, tales como la estupefacción dramática y plástica del instante y la euforia de la suavidad del temple, sigan iluminando la belleza superior del toreo y la Fiesta.
Así las cosas, me atrevería a pensar que el toreo seguirá siendo idéntico a sí mismo por muchos años más. Lo cierto es que ni la crisis económica, la que nos trae con la inseguridad de mal traer, pudo en esta feria robarle luz y perspectiva al añoso y afamado serial taurino. Y así podrá eternizarse en tanto el enguaje del toreo siga expresándose con tan rica elocuencia.
Y seguirá vigente y triunfante a condición de que nada opaque el reflejo lumínico de la plaza Monumental que seguirá siendo acaparadora de multitudes bullentes a punto de convertirse en turbamultas de súbita y ansiosa animosidad.
Que al apartado de la diversión popular del toreo entrarán y saldrán muchos eventuales espectadores poco importa: en el apartado de la Fiesta siempre habrá un lugar para aquellos que quieran que el toreo les deje honda huella en su corazón.
¿Qué la Fiesta por vieja, añosa, arcaica y tradicionalista está a punto de pulverizarse? No lo sé: lo que si capto es que las cosas –y no se diga las personas jóvenes– nuevas son accidentes de la naturaleza de corta duración, y que las cosas viejas bonitas –y no se diga las personas viejas bonitas- son una obra de arte.
Ni hablar, el toreo, pese a su edad, seguirá siendo una majestuosa obra de arte de la naturaleza. Y como se ha seguido encontrando con las bases de un futuro optimista, que su futuro está en las manos de jóvenes como Adame, Joselito y Gerardo, de Juan Pablo Sánchez, de Arturo Saldívar, de Arturo Macías, de Mario Aguilar, y algunos otros, tendremos Fiesta para rato.
Y conste que no quiero hacer polémica vulgarizando una realidad. La Fiesta en Aguascalientes incrementa la intensidad luminosa de su órbita, y se alza victoriosa sobre otras diversiones y espectáculos que por su ligereza son de uso y desecho inmediato.
¿Por qué habría de morir lo que en sus propias entrañas se gesta como renovación? La Fiesta de toros en Aguascalientes no se estanca; al contrario, se renueva con una vitalidad verdaderamente sorprendente. arrastrelento@gmail.com

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